Estimados hermanos peruanos,

Espero que todos ustedes, compañeros del Taller de Liderazgo para el Desarrollo Sostenible, y sus familiares se encuentren muy bien. Espero escuchar de ustedes por esta vía u otras.
Es en estos momentos cuando surgen los líderes - líderes de nosotros mismos -. México ha sufrido los embates de los terremotos (yo personalmente en 1957 y 1985 por citar a los más importantes) y la hermandad latinoamericana, más la solidaridad de nuestro hermoso pueblo, nos ha sacado adelante. Lo que más recuerdo son dos cosas: a mi padre junto a mi abrazándome y diciéndome que estas cosas suceden pero que a nostros no nos pasaría nada y a mi pueblo mexicano develándose, dando lo que no tenía materialmente pero dando todo en esfuerzo, ayuda y, sobre todo, solidaridad.

Estamos con ustedes, esperamos contribuir en algo aunque sea muy poquito y no duden de pedir nuestra ayuda. Ya veremos como la conseguimos. Nuestro espíritu ahorita está con ustedes, mañana nuestra manos y esfuerzo.
¡Juntos saldremos adelante!

Un abrazo muy fuerte desde nuestro México para nuestros hermanos peruanos,

Enrique

A petición de varios amigos transcribo el discurso que presenté en cena de gala con miembros distinguidos de la comunidad dentro de los festejos del 25 Aniversario del Campus Toluca del Tec de Monterrey el pasado Martes 7 de agosto de 2007.

Siendo tímido por naturaleza, la amable invitación que me hizo la Ing. Sandra Ortiz el día de ayer a decir unas palabras en este foro me generó tal cantidad de ansiedad que me pasé la noche en vela con la idea fija de “pero yo no tengo nada que decir”. Ya tenía suficiente con los tres nuevos cursos que empezaba el día de hoy, durante este inicio de semestre. Es mi semestre número 51 en el Tec y aún me siento nervioso antes de cada curso. Son los momentos en que me digo ¿y yo qué hago metido en esta profesión?
Ante mi desesperación, después de una noche de insomnio, amanecí el día de hoy con la cabeza vacía de ideas; por lo que recurrí al lugar que acudo cuando estoy muy desesperado después de que el consejo de Mónica mi esposa no me ha dado solución: la Biblia. Con toda ingenuidad, la angustia hace que se me olvide que en otras ocasiones cuando hago esto quedo más confundido. Y es que las respuestas que encuentro frecuentemente vienen en una forma que no me gusta.
Abriendo el libro sagrado al azar me encuentro con Eclesiásticos 42, que a la letra dice:
· De repetir lo que oyes decir y de revelar los secretos sabrás lo que es la verdadera delicadeza y hallarás el aprecio de todos los hombres.
· Pero no te avergüences, ni peques por miedo a lo que pensarán de ti. No te avergüences de la Ley del Altísimo, ni de condenar a los impíos.
· No te avergüences de contar con compañeros de viaje, de repartir tu herencia a tus amigos, de “comprobar balanzas y pesas, de conseguir provechos pequeños y grandes”, de obtener ganancias comerciales.
· No tengas vergüenza de corregir al insensato y al tonto. Entonces sabrás lo que es la verdadera educación.
¡Dios mío! Y yo que creía saber lo que es la verdadera educación y ahora estoy más confundido que antes. Además ¿quiénes son esos impíos y a qué ganancias comerciales se refiere?
He pues reflexionado el día de hoy sobre esos secretos que debo revelar y no he encontrado muchos; pero los pocos los diré repitiendo lo que he oído decir.
En estos 25 rápidos años de docencia el único secreto que puedo repetir ya lo había aprendido hace tiempo del pedagogo y psicoterapetua Carl Rogers quien dijo que no es posible enseñar nada importante a nadie; lo verdaderamente importante lo debe aprender cada quien por sí mismo. Esta creencia ha moldeado mi manera de aproximarme a la docencia desde siempre. Por ella me convertí en un abandero convencido del modelo educativo centrado en el aprendizaje que el Tec implementó hace años con el nombre de rediseño. Veo mi labor docente no como el ser un enseñante sino un facilitador del aprendizaje. Es así que he hecho mías las palabras de Jaime Sabines:
“No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o de creer o de hacer lo que le de la gana. Yo quiero solo enseñar, dar a conocer, mostrar, no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¿quién es quien para decir esto es así, si la historia de la humanidad no es mas que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?)
Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien he de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la vejez, la enfermedad y la muerte de buda, no son mas que la muerte, y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.
Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, estimando, acariciando, soñando. (¡pero siempre se vive del mejor modo posible!) mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.
Hasta aquí las palabras del poeta Chiapaneco.
He aprendido la importancia de respetar profundamente el proceso de cada persona; aunque ciertamente del estar convencido de ello al hacerlo realidad, hay una brecha que se convierte en una tarea de congruencia de cada día. Hay una naturaleza interna mía que desea imponer mi ego, torcer los caminos del otro. Aquí está el camino de la congruencia, que es eso, un camino, no un lugar al cual llegar. Me tropiezo todos los días; pero igual busco levantarme con la misma frecuencia.
Y ya que menciono la congruencia, recupero del pasaje Bíblico mencionado las palabras: “no te avergüences, ni peques por miedo a lo que pensarán de ti.” Es la lucha por ser impecable; es decir, sin pecado. ¡Pero qué difícil! El compromiso con la congruencia es grande cuando la profesión es la docencia; porque lo que digo y lo que hago tiene a veces repercusiones que ni imagino. Tomé conciencia de ello hace varios años a consecuencia de impartir una clase de física en prepa. Vino de una alumna a la que vi un día caminando por los pasillos de profesional varios años después de graduarse de preparatoria. No me acordaba de su nombre pero sí de su rostro y de sus circunstancias. Le pregunté qué hacía.
· Me dijo, “empezando mi carrera”.
· “¿Y por qué hasta ahora?”
· “Porque me casé, tuve un hija y hasta ahora puedo estudiar.”
· Ah, muy bien y qué estudias.
· Y volteó con sorpresa diciéndome “pues ingeniería, tú en tu clase de física me enseñaste lo importante que era eso”.
Oh, sorpresa, tantos alumnos a los que enseñé física y para entonces ya había cambiado yo de giro y estaba convencido de que las ciencias humanas eran la clave de todos los problemas de la humanidad.
¡Qué fuerte! Lo que hago y lo que no hago, lo que digo y lo que no digo, aquello con lo que me entusiasmo o no, tiene consecuencias en algunos otros. Desde entonces no me paso los semáforos ni aunque sean las 4:00 de la mañana; porque puede ser que un niño o alumno o mi hijo al verme crea que está bien y si eso está bien también los estarán la corrupción y tantas cosas más. Y viviremos todos en el cinismo y la incredulidad.
Otra parte del mensaje bíblico que puedo recuperar en relación a mi afiliación al Tec durante 25 años es el que se refiere al “contar con compañeros de viaje y de repartir tu herencia a tus amigos”. Vaya que he contado con amigos y compañeros de viaje entrañables: algunos colegas, otros directivos y varios exalumnos. Al no contar con riquezas materiales mi manera de agradecer es repartiendo mi herencia en forma de experiencias. Experiencias compartidas que nos llevan a generar una comunidad de aprendizaje conformado por un grupo vibrante que se enriquece día a día enriqueciendo a los demás.
Es para dar gracias y gracias y más gracias por la oportunidad de tocar vida al tiempo que la mía se va enriqueciendo enormemente. Son estos momentos cuando no tengo duda de lo que hago en esta profesión: bien vale la pena dominar la monstruo de la ansiedad.
De las mencionadas “ganancias comerciales” solo diré que hoy a medio día mi hijo Rodrigo, al verme nervioso preparando este mensaje me dijo: “Bueno, pero te van a pagar como cuando vas a dar tus cursos a Sudamérica”. Contuvimos la risa Mónica y yo y le dije “Ya he sido pagado, con creces, hijo”.
Finalmente, la última parte de Eclesiastés 42 decía “no sentir vergüenza de corregir al insensato y al tonto: entonces sabrás lo que es la verdadera educación”. Y aquí me quedo verdaderamente confundido: ¿qué es la verdadera educación? Aunque como dijo Jorge Luis Borges, “quizás los enigmas sean más importantes que las soluciones”.
Dejo abierto el cuestionamiento, para que lo conversemos después, y regreso al agradecimiento; desde luego al Dr. Roberto Rueda por su liderazgo y apoyo de tantos años, a la Ing. Sandra Ortiz y a la persona que de inicio creyó en mi, el fundador del Campus, el Ing. Carlos Cruz. Pero en este momento deseo dirigirme a un hombre ejemplar, cuya esencia impregna a nuestro campus y a quien hace un tiempo escribí una carta que ahora deseo compartir:
Quiero agradecerle profundamente el ser un hombre sensible, energético y emprendedor de tal manera que ha tenido la visión de transformar la comunidad en que vivimos, lo mismo creando fuentes de trabajo que generando instituciones para la promoción del ser humano.
Pero mi agradecimiento es particular. Gracias a su obra, específicamente la fundación del Tec de Monterrey en Toluca, encontré un lugar donde darle un sentido profundo a mi existencia en los momentos en que me cuestionaba de fondo cuál era mi vocación. Coincidió la fundación de esta obra trascendente, en 1982, con mi cuestionamiento personal. Desde aquel agosto y durante 45 semestres he tenido el privilegio de tocar almas y corazones ejerciendo la docencia.
Quiero también agradecerle el que usted, sin saberlo, me haya proveído de múltiples ejemplos para mis cátedras, tanto cuando abordo temas de liderazgo como cuando estudiamos teoría organizacional. Ahora sólo quiero rescatar una de tantas enseñanzas: no es común y se necesita una gran sabiduría y sensibilidad para que un líder logre transmitir sus cualidades y su obra a sus hijos. Haciendo caso de la Palabra de Jesús al decir “por sus frutos los conoceréis”, en sus hijos claramente lo re-conocemos a Usted.
Gracias por su obra, sus enseñanzas y por ser la persona que es; Don Eduardo Monroy Cárdenas.