He visto varias veces el documental "An inconvenient truth" en clase con mis alumnos y cada vez me quedo con un enorme sentimiento de pesadumbre. Cada vez me resulta más difícil verlo. El camino fácil pudiera ser el alejar mi atención de estos temas. Pero sería esconderme como avestruz. Siento un compromiso por hacer algo, por tomar acción en la medida de mi círculo de influencia. Hay decisiones que debo seguir tomando a nivel personal y a nivel familiar, que afectan mi estilo de vida y de consumo.


“A las mujeres no trates de entenderlas, tan sólo quiérelas”
Viejo dicho de un abuelo yucateco


Todos nosotros de una u otra manera – y hablo de mi género, el masculino -; debemos todo lo que somos a una mujer, nuestras madres. Increíblemente el trato que a lo largo del tiempo se les ha dado no ha sido – mi punto de vista -, el adecuado.
Seguramente por la cercanía de la posible nominación de la Senadora Hillary Clinton como contendiente por el partido demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos el tema de las mujeres y el poder encuentra un espacio propicio para ser noticia.
Leyendo en el último número de la revista “Newsweek” del 22 de octubre el artículo denominado “Women & Power: Do Women Really Lead Differently than Men? Lessons from the Front” donde en un viaje relámpago nos conducen desde Isabel I de Inglaterra hace ya más de 400 años a nuestros días en medio de personalidades como Anne Lauvergeon CEO del conglomerado francés Areva , Lorena Ochoa famosa golfista mexicana, Margaret Chan Directora General de la Organización Mundial de la Salud en Hong Kong, Arianna Huffington confundadora y editora en jefe del The Huffington Post, Kyra Sedgwick actriz, Andrea Wong Presidente y CEO de los Servicios de Entretenimiento de la revista LIFE y Rachel Roy diseñadora; nos damos cuenta de que no existe una diferencia real y definitiva entre los estilos de liderazgo de las mujeres y de los hombres. Tanto unas como los otros pueden ser igual de rudos en la búsqueda y en la consecución del poder e incluso ellas aún más, pagando el precio que tenga que pagarse. Sin embargo hay algo que me llama la atención, la mezcla de fuerza, de entereza y de compasión casi siempre van de su mano.
Aún cuando todos estos ejemplos del, ¿por qué no decirlo y aceptarlo?, “sexo fuerte”, son de mujeres que están entre los 35 y 50 años y que, de acuerdo a mis alumnas de profesional – en sus cercanos veintes -, tal vez no sean una muestra representativa del mundo de la mujer joven, su visión gira sobre tres grandes temas centrales: el mundo globalizado y moderno todavía no cambia lo suficiente en su trato hacia este género – es decir no es igualitario -, en segundo lugar ellas tienen que trabajar y perseverar en sus objetivos aún más que nosotros los hombres y en tercer lugar la eterna búsqueda de un equilibrio o balance personal (trabajo, casa, hijos, marido, etc.). Y aún así, sobreviven y alcanzan e incluso superan los logros de los hombres.
Como comenta Sue Hayward en su libro “Liderazgo Femenino”, “parece que la necesidad de un mayor número de mujeres en el mundo de los negocios no se reduce sólo a la igualdad y a intentar tener una fuerza laboral equilibrada en la sociedad políticamente correcta de la actualidad, sino que también está relacionada con el hecho de que, debido a la manera en que ha cambiado la cultura del trabajo, las habilidades femeninas son esenciales si las empresas han de tener éxito”.
Curioso que a la par del artículo de la revista Newsweek, en el periódico Reforma del día de ayer en su primera plana, saliera un artículo hablando de lo dejados que somos los mexicanos: “Resultan mexicanos los reyes… del mandil” y menciona que en el estudio denominado “Contexto Nacional y Cónyuges-Trabajo Doméstico en 34 países realizado por investigadores de las Universidades de Bergen y de Stavanger resulta que en promedio pasamos 13.8 hrs. a la semana en labores de limpieza y de cocina. Sin embargo no hay que alabarnos mucho, en dicha investigación también resulta que no somos los que proporcionalmente ayudamos más a nuestras mujeres…
Los tiempos han cambiado y están aquí para quedarse, por ello me pregunto:
¿Qué nos deparará el futuro? ¿Cómo serán nuestros roles? ¿Cuál será el impacto del nuevo rol de la mujer en nuestros egos y autoestima? No lo sé, pero de lo que sí estoy seguro es que las mujeres están ya en todos los ámbitos y que casi cierto, nuestro mundo será mejor con su femineidad, su intuición y sus grandes sentimientos.

Enrique Cárdenas y Castillo Nájera
Octubre 17, 2007
Referencias:
Hayward, S. (2006). Liderazgo Femenino. Grupo Patria Cultural S. A. de C. V. México, D. F.
Newsweek, October 22, 2007. pp. 38-51.
Periódico Reforma, martes 16 de octubre del 2007. México D.F. Primera Página.


Quienes vivimos las prácticas burocráticas de la banca nacionalizada creímos que la privatización, primero, y la entrada de la banca internacional, después, nos conduciría a contar con un servicio competitivo y moderno. La realidad actual para el cuentahabiente común y corriente es la de un servicio pobre, burocrático y caro. Para muestra lo que me está sucediendo con el flamante BBVA Bancomer. El día de ayer, al querer extraer dinero infructuosamente en un cajero, descubrí que la sucursal San Carlos (en Metepec Estado de México) había decidido restringir el acceso a mi dinero en cajeros automáticos, ventanillas e internet porque descubrió que en sus archivos les hace falta un comprobante domiciliario de mi esposa. La semana pasada tuvo un incidente similar mi secretaria: llegó a trabajar furiosa, frustrada y llorando diciendo: “es mi dinero, no tienen derecho”. Tal parece que la institución está siendo sometida a algún tipo de auditoría o de proceso de certificación, los gerentes están siendo presionados por el aparato burocrático y están tomando medidas desesperadas para cumplir con sus requerimientos internos, ¡a costa de sus clientes!

Mi caso es más aberrante por lo extremo: la sucursal en cuestión me queda muy lejos, tiene problemas serios de acceso y estacionamiento y durante años invariablemente me ha ofrecido una pésima atención. Así que desde hace tiempo evito a toda costa acudir ahí y busco hacer mis operaciones en línea, en cajeros o en otra sucursal. Abrí ahí la cuenta porque así fui requerido al obtener un crédito hipotecario y por costumbre la seguí usando para otros fines; por ejemplo, ahí me deposita mi empresa mi sueldo quincenal. Lo curioso es que el crédito ya lo pagué en su totalidad y ahora descubren que necesitan un comprobante domiciliario, ¡de mi esposa!, que no les hizo falta durante ¡quince años!

Es la máquina burocrática de BBVA Bancomer operando a toda marcha. Es la tragedia de los comunes ya que son prácticas en las que todos salimos perdiendo: el banco y nosotros los usuarios. La manera de hacer reaccionar a la banca internacional para brindar un servicio de calidad es tomar acción como usuarios. Es mi decisión ciudadana que BBVA Bancomer deja de contar conmigo como cliente y que me cambio con quien me atienda como merezco, aunque sea un cuentahabiente de poco volumen.


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