Como parte de las actividades del curso de ética y responsabilidad Social que estoy tomando, he leído La Carta de la Tierra, este documento auspiciado por la UNESCO que se va adelantando como una Constitución para el planeta. Después de ello recibí como alumno una serie de interrogantes que abajo reproduzco y respondo.

¿Por qué razón es importante resaltar el hecho de que somos “una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común” para que esta Declaración se vuelva posible? ¿Qué cambios implica en la visión moderna del ser humano que se entiende comúnmente como “familia humana”, pero no como “comunidad terrestre”? Compare: “La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida” con la afirmación de Descartes, en los albores de la revolución industrial, de hacer del hombre “el amo y posesor de la naturaleza”.

Vivimos en un mundo altamente interdependiente en el que las acciones en cualquier punto del planeta tienen repercusiones en todo el orbe. Por ejemplo, el incidente de Chernobyl ha tenido ciertamente serias repercusiones locales hasta la fecha; pero ha tenido también un efecto de contaminación radioactiva en lugares distantes. Podemos aplicar bien aquí el asunto del efecto mariposa. Por lo tanto, para mantener la viabilidad del planeta requerimos de la participación de todos quienes habitamos esta nave espacial.

La expresión “familia humana” sigue privilegiando al ser humano, como se ha hecho desde Descartes. El reto ahora es el entender a todos los sistemas planetarios, humanos y no humanos, como elementos íntimamente inter-relacionados. De hecho, la teoría de Gaia contempla al planeta como un organismo viviente.

Sin embargo, para poder restaurar estos valores es necesario transformar el sistema económico-político-social que ha imperado durante los últimos cuatro siglos. Por ejemplo, no habrá ningún cambio mientras el sistema legal obligue a los ejecutivos de las corporaciones a buscar la rentabilidad a costa de cualquier otro fin.

Comente las tres clases de responsabilidades que esta Declaración define: “Nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras”. Esta consideración global de todos los sujetos posibles de respeto ético, que nuestra acción podría poner en peligro, ¿no define una obligación moral nueva, que ninguna ética anterior tomaba en cuenta totalmente?

Sí absolutamente. Berry y Clarke (1997) alertan en su libro “Reconciliación con la tierra: La nueva teología ecológica” sobre la urgencia de incorporar el cuidado de todo lo viviente a nuestros sistemas éticos. Las éticas de la modernidad, sustentadas en el pensamiento de Descartes, veían a la naturaleza como un recurso a ser explotado. Otros sistemas éticos, notablemente los de los pueblos amerindios, se veían como parte de la naturaleza. Hoy tiene un carácter de urgencia el retomar las cosmovisiones de pueblos que fueron considerados primitivos o incivilizados por la bárbara cultura europea.

Resalte en el texto las invitaciones a practicar un pensamiento complejo (en el sentido de E. Morin), superar la “inteligencia ciega” y conocer y actuar de modo transdisciplinario.

El pensamiento complejo es fundamental aquí, ya que la “Carta de la tierra” no resultará en nada más que un bellísimo compendio de buenas intenciones si no entendemos de manera holística cómo es que opera el sistema-mundo (para usar el término de Wallerstein) en el que vivimos desde el siglo XVIII. Tenemos que entender la interrelación entre los aspectos económicos, sociales, políticos y éticos para poder generar los cambios necesarios para construir un mundo más justo, más democrático y más sostenible. Si no entendemos de manera amplia y holística el sistema total, seguiremos siendo sus prisioneros, como dice Peter Senge.

Resalte en el texto los pasajes que se refieren a una actitud espiritual y estética, y no solamente jurídica y ética. ¿De qué espiritualidad se trata? ¿Implica algún tipo de creencia en Dios?

La “Carta de la tierra” hace múltiples referencias a aspectos espirituales y estéticos, alertándonos de la necesidad de cultivarlos; pero nunca se hace mención, afortunadamente, de Dios. La cultura occidental hace excesiva mención de Dios y luego se conduce en dirección opuesta a los principios subyacentes. Cuando los cristianos aprendamos a vivir una vida congruente con el mensaje evangélico, de amor por el otro, empezando por nuestros enemigos y no sólo los que nos caen bien, nuestra vida hablará de Dios sin tener que mencionarlo ni bañarme de agua bendita los domingos.

Así que, en mi opinión, la espiritualidad que tenemos que cultivar es aquella que siente una reverencia por la vida en todas sus formas, como lo hace el Hinduismo.

Comente el principio 6 c.: “Asegurar que la toma de decisiones contemple las consecuencias acumulativas, a largo término, indirectas, de larga distancia y globales de las actividades humanas.” ¿Cuál es el rol de la Universidad en este caso? ¿Cuál es la importancia en general del rol de la Universidad para facilitar la observancia de esta Declaración?

Bueno, pues las funciones de la Universidad son el generar y divulgar el conocimiento por lo que su responsabilidad en torno a los asuntos que nos ocupan aquí son tanto el educar  como el realizar investigación sobre la interdependencia de los sistemas sociales, políticos, económicos, éticos y otros, sobre la manera de entenderlos y sobre la manera de actuar en ellos de manera efectiva

¿Le parece que las Universidades, actualmente, estén cumpliendo a cabalidad con el principio 14: “Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible”?  

Ante las circunstancias que enfrentamos nadie está haciendo nada a cabalidad, ni la Universidad, ni la empresa, ni los gobiernos, ni la iglesias. Es muchísimo más lo que tenemos que hacer. En una conferencia reciente de Tom Friedman, autor de “El mundo es plano” en el MIT señalaba con indignación que las iniciativas verdes que veía alrededor parecían un día de campo cuando lo que se requiere es de tomar decisiones que implican acciones difíciles y dolorosas. Si no nos duele lo que estamos haciendo respecto al problema de viabilidad del planeta; probablemente no estamos haciendo lo suficiente. La crisis económica que enfrenta el mundo actualmente es una buena oportunidad para modificar sensiblemente nuestros hábitos de consumo.

Si Ud. tuviera a su cargo una Institución de educación superior, ¿qué “liderazgo creativo” promovería para que se cumplan los principios de la Carta de la Tierra?

Requerimos urgentemente de un  liderazgo democrático, que abra las vías del diálogo y la negociación. Ya quedaron atrás las épocas del liderazgo heroico y uni-personal. Necesitamos urgentemente de liderazgo que faciliten procesos de reflexión, de diálogo y de negociación.

Bueno, pues sigo tomando el curso de Ética y Responsabilidad Social. Ahora sufrí intensamente con las lecturas. Anexo abajo el trabajo que elaboré para esta sección.

Cuando era estudiante de posgrado en EEUU, al tomar un curso de ética profesional en psicoterapia, me sorprendí de que se concentraba en definir lo que era legal o no en la práctica de esta profesión. Nunca se debatieron los dilemas morales. Parecía que para el mundo anglosajón lo ético es lo que está permitido por la ley, con un enfoque completamente pragmático, sin mayores reflexiones de fondo. En cambio, para nuestra cultura la ética se relaciona con la moral. El enfoque de este curso está, en mi opinión, años luz por delante de aquel curso.

Sin embargo, el asimilar los textos de esta semana ha sido todo un reto para mí debido a que soy un rebelde iconoclasta que rechaza toda imposición dogmática, tengo muy poca formación filosófica y muchas veces la redacción de los dos documentos incluía expresiones imperativas tales como la dedicada a los profesores críticos de Harvard mencionados por Entzioni (4 de Agosto de 2002): “se tiene que enseñar la única ética racional que existe”. Yo pregunto: ¿Quién lo dice y por qué me he de zampar ese imperativo? ¿Qué no justamente estábamos en desacuerdo la semana pasada con esta mentalidad positivista que privilegia la razón sobre otras funciones que definen lo humano? ¿Qué no estudiábamos las terribles consecuencias del pensamiento simplificador y apelábamos a un pensamiento complejo, que incluye al propio observador como interventor en el fenómeno que observa?

He leído los textos, sufrido largamente horas de insomnio, conversado con colegas, leído a otros autores a la mano (Maturana, 1997 y Khun, 2006) y releído y vuelto a leer los textos; invirtiendo mucho más tiempo del que originalmente deseaba. Aunque ha valido mucho la pena.
Lo que he entendido es que los autores y profesores del curso de Ética y Responsabilidad Social proponen, basados en la propuesta de Kant, que 1) la ley moral es aquel deber que es exigible para todos y que 2) la ley moral es determinada usando el principio de universalización de la regla de conducta (brújula) respondiendo a la pregunta: “Lo que yo pienso hacer, ¿todos deberían hacerlo si estuvieran en la misma situación que yo en este momento?”


Entiendo que también proponen, basados en Habermas y Apel, que 3) la respuesta a la pregunta señalada arriba o la determinación de las leyes morales universales (la utilización de la brújula) es un proceso dialogal democrático de negociación y búsqueda de consenso con respuestas en permanente evolución.

Si he entendido bien, finalmente, no tengo mayor problema con la propuesta; de hecho, estoy completamente de acuerdo. La regla de oro que propone “no hacer a los demás lo que no quiero que me hagan a mí mismo” es un principio de universalización; pero lo importante en mi opinión no es el saber cuáles son las leyes morales universales (de hecho, siempre estará abierto el debate, salvo para los dogmáticos que crean que ya conocen la Verdad) sino el proceso mismo: el debate, la discusión, el diálogo, la negociación.

Cuando entro en conflicto con los textos de esta semana es al encontrar afirmaciones tales como “el respeto al otro y la fidelidad a la promesa son deberes éticos universales” o “los principales valores éticos como son la Equidad, la Paz, el Respeto, el Amor al prójimo, la Perfectibilidad personal, la Honestidad, etc., que deberían obviamente ser practicados por todos los seres humanos” y “el respeto al deber moral (¡no me robes!)”. Me pregunto ¿quién fue el individuo o el grupo de individuos que se dieron a la tarea de ahorrar mi participación en el debate para decirme que ya utilizaron la brújula propuesta y que me informan que el resultado al que han llegado es ese listado de deberes y que por lo tanto los debo acatar sin más?

Tal vez me podrán argumentar que revisaron las propuestas de las diversas religiones y corrientes ideológicas de la humanidad y encontraron una convergencia total en tales deberes. Como son mucho más doctos que el resto de la humanidad y para ahorrarme el trabajito, pues ahí me encargan el que sea congruente con estos imperativos. Ciertamente con este comportamiento la propuesta democrática ha quedado de lado. Si me acerco a mis alumnos con estas actitudes, desde luego que la mayoría rechazará lo que digo. Se dice en el texto que ante los retos mundiales “es imprescindible construir una racionalidad ética universal”. Yo digo: sí, construir; pero ¿quiénes?: todos, no sólo los eruditos.

Se ha dicho que “Sólo en el caso de los imperativos categóricos se presenta con toda nitidez la exigencia moral absoluta y universal, esta llamada del deber de cumplir con alguna obligación sin cálculo, sin condición, sin meta previa, cual sea lo que queramos y aunque no lo queramos. Por eso, sólo un imperativo categórico puede calificarse como ley moral, es decir, como enunciado de un deber en sí mismo, exigible para todos.” Yo digo que el carácter de obligatoriedad y exigencia sólo puede surgir del acuerdo, de la voluntad de quien decide someterse a dicha obligatoriedad. Si es imposición, entonces la ética es impuesta, es una ley social, y no es una ética universal. Por lo tanto la búsqueda de una ética universal es un proceso continuo inalcanzable, una utopía que orienta el caminar.

También he entendido esta semana que el relativismo y el dogmatismo son tensiones opuestas y que la propuesta es encontrar mediante el principio de racionalidad un acuerdo intermedio. Pero la propuesta de que este principio no se base en ningún sistema de creencias previas es en mi opinión inalcanzable. Esta propuesta es similar a la de los positivistas que buscaban verdades objetivas, cuando los humanos somos subjetivos: lo único que conocemos del mundo es a través de nuestra subjetividad. Al respecto, el connotado biólogo chileno Humberto Maturana (1997) dice que la objetividad no es más que un argumento para obligar. A lo único que podemos aspirar es a acuerdos intersubjetivos. Así que la aspiración de una ética universal para un mundo mundializado y frágil se puede apoyar solamente en la legitimización que surge de los acuerdos a través del diálogo. Es la línea de trabajo presidida por Hans Khun (2006), quien trabaja por una ética mundial que surja de acuerdos ecuménicos, un esfuerzo al que me suscribo con gusto.

Se ha dicho en el texto del curso que “Encontramos la racionalidad ética universal, (es decir, valedera para todos), cuando podemos pensar en un deber moral que no dependa de ningún querer previo, es decir, que no dependa de ninguna escala de valores culturales previa”. Lo cual resulta imposible, a menos de se crea en el pensamiento positivo, que desea ser objetivo mediante argumentos racionales. Pero esta forma de pensar, origen de la modernidad, nos ha conducido al tipo de problemas que estamos buscando superar con una ética universal. Esta manera de argumentar ya está siendo superada. Necesitamos superarla. El carácter de obligatoriedad de la norma ética no está exento del querer, sino que me obligo porque quiero aún sobre mi querer, porque así lo he decido.

Más de lo mismo: “Otra importante conclusión de la distinción entre Máximas, Imperativos hipotéticos e Imperativos categóricos, es que progresivamente, como ya lo hemos mencionado, se va suprimiendo toda consideración de cualquier querer para encontrar la noción de deber… la racionalidad que permite fundamentar un deber moral no debe tomar en cuenta ningún querer, so pena de no encontrar nunca un fundamento realmente universal.” Yo afirmo que si suprimimos el querer, el sustrato emocional, suprimimos lo humano. Tendremos entonces una ética no humana, racional, de máquinas pensantes.

Se dijo que “la Ética planetaria común debe de ser una Ética supracultural.” Es decir, no relativista; pero tampoco impuesta, sino acordada; por lo tanto, no dogmática. “Concebir normas de conducta universalizables que no dependan de un enfoque cultural particular”. Sí; pero que dependen de TODAS las culturas particulares. Transcultural no significa acultural, sino que va más allá de las culturas particulares, no que prescinde de ellas.

Muy poco sé de filosofía y ética, pero Kant fue un pensador de la Ilustración, el periodo que da origen a la modernidad, misma que ahora como sistema-mundo está en profunda crisis. Necesitamos evolucionar la manera de entender la vida y los problemas humanos. La crítica de Morin (1995) al pensamiento científico basado en el paradigma de la simplicidad tiene ahí su raíz. Aquellos sistemas de pensamiento sirvieron para hacer evolucionar aquella época. Ahora necesitamos nuevas formas de ver la vida y el mundo.

Espero, parafraseando el adagio chino y debido a mi ingenuidad filosófica, no haberme quedado viendo el dedo cuando el dedo señalaba la Luna.



Referencias:

Me pidieron en el curso de Ética y Responsabilidad Social que responda a la pregunta ¿Cuál es la relación entre los problemas de sostenibilidad que tenemos ahora a nivel mundial y el pensamiento simplificador que impera en las ciencias?

Para responder es necesario intentar usar pensamiento complejo porque el pensamiento simplificador no permite ver una relación entre dos fenómenos tan aparentemente distantes.
Hasta donde alcanzo a ver ahora, los problemas de sostenibilidad (destrucción de los recursos naturales, emisión de productos que dañan los ecosistemas, producción de pobreza, etc.) son parte de un entramado complejo de fenómenos que incluyen entre otros a los sistemas de producción, los sistemas de distribución, los sistemas de consumo, los sistemas políticos, los sistemas ideológicos (incluyendo los sistemas éticos), etcétera.


El aparato en el que vivimos es perverso: promete un desarrollo que nunca llega, ni siquiera para los supuestos países desarrollados, cuyos habitantes viven en este engaño de la Disneylandia permanente, con toda su profunda insatisfacción y vacío existencial. Por ejemplo, el problema de la crisis económica actual para el nortemericano y para las clases medias de todo el mundo es el bajar un poco los niveles de consumo: tener un auto menos lujoso, una casa un poco más pequeña, etc. El desarrollo en la práctica significa más consumo de satisfactores completmante innecesarios.

Mientras una pequeña parte de los habitantes del mundo viven en una opulencia que conduce muchas veces a una vida de vaciedad y sinsentido, que requiere como paliativo toneladas de estupefacientes, la inmensa mayoría del planeta y de nuestro país vive en la pobreza, y miles de millones en la pobreza extrema. A las poblaciones pobres les estamos diciendo que trabajen más intensamente, que sean más sagaces, que sigan vendiendo sus recursos naturales y talento, que se inserten al mercado global para que algún día se "desarrollen"; es decir, para que algún día vivian en Disneylandia.

¿Cual es la conexión entre fenómenos que parecen que nada tienen que ver unos con otros? Por ejemplo, ¿cuál es la conexión entre la búsqueda de desarrollo y el narcotráfico? Otro ejemplo, ¿cuál es la relación entre la existencia de la pobreza en México y el éxito de Elektra y similares? Las relaciones son sutiles e insospechadas.

Por ejemplo, mi esposa le compraba manzanas a un campesino que estaciona su comioneta cerca de la casa. Le dejamos de comprar porque las manzanas no eran tan bonitas y uniformes como las que venden en Walmart, producidas en el principal centro productor de manzana del mundo, el estado de Washington. Por casualidad, allá vivimos mi esposa y yo cuando estudié la maestría. Lo primero que nos sorprendió cuando llegamos a aquella región es que, estando tan al norte, tenía una población enorme de migrantes mexicanos, gente pobre e indocumentada que vivía de bajar manzanas de los árboles. Al mismo tiempo los pueblos de alrededor de donde vivo se están vaciando porque su gente está migrando al norte (también muchos ricos de la localidad se han ido a vivir a Houston, por razonamientos distintos pero por razones de fondo similares). ¿Seguirá nuestro antiguo proveedor de manzanas vendiendo en su camioneta o ahora estará pizcando en Washington?

Mis patrones de consumo, qué compro o dónde lo hago, tiene consecuencias insospechadas. Tal vez este campesino no hace ni lo uno ni lo otro, sino cultiva enervantes. También me puedo preguntar cómo contribuyo más al calentamiento global: comprando manzanas locales o manzanas de Washington.

Sostengo que el sistema perverso, injusto y auto-destructivo en el que vivimos se puede mantener porque mantenemos un pensamiento simplifidador que no nos permite ver las relaciones sutiles e intricadas que causan consecuencias que todos padecemos en forma de degradación de la vida social (violencia, narcotráfico, miseria, insatisfacción con al vida, etc.) y degradación del medio ambiente; condiciones ambas que resultan ya insostenibles en el mediano plazo. Este penamiento impera no sólo en la ciencia sino en todos los ámbitos de existencia.

Requerimos de un pensamiento complejo, holístico, sistémico para encontrar los verdaderos puntos de palanca que nos permitirán tomar las acciones para resolver los dilemas que enfrentamos.

Esta es mi visión actual. Los problemas son tan complejos que nadie puede tener la razón absoluta. Necesitamos abrir los caminos de reflexión y diálogo para lograr mayores comprensiones.

Creo que lo que he dicho queda más claro con el video "Story of stuff" (Historia de las cosas).

Continúo con mis comentarios alrededor del curso de Ética y Responsabilidad Social que estoy tomando. Este es un informe sobre mis reflexiones en torno a cómo el principio de disyunción del saber sigue estructurando los procesos de enseñanza y cómo podemos introducir mayor complejidad en la Universidad.

“No veo la razón de tener un curso así en un programa de maestría en administración” fue la evaluación final que un alumno hizo de mi curso de Liderazgo, un taller vivencial fuertemente orientado a la reflexión sobre el propio camino de desarrollo personal. Comprendo a Enzioni (4 de Agosto de 2002) cuando nos comparte sus dificultades para incorporar la reflexión ética en la escuela de negocios de Harvard.

Ciertamente el diálogo sobre asuntos tales como la vida, la felicidad, la plenitud y otras creencias personales parecieran estar fuera de contexto dentro de los programas formales universitarios. Pero nada más alejado de la realidad. La mayoría de mis alumnos tiene una profunda y auténtica necesidad de atender los diversos temas de su desarrollo personal y profesional. Aunque encuentro reacciones de sorpresa o rechazo, poco a poco, a través de de técnicas grupales, lecturas y videos simples; pero profundos, como lo son los cuentos de François Vallaeys, se va generando un diálogo en el que los alumnos cuestionan su quehacer en el mundo, sus búsquedas, sus medios y sus creencias subyacentes. La semilla queda sembrada en muchos de los participantes y fructifica.

Sin embargo, aunque podamos mencionar algunas prácticas exitosas de reflexión ética en la Universidad, es muy poco el impacto que estamos teniendo en un mundo que vive las crisis de moralidad a las que se refiere Enzioni (4 de Agosto de 2002). Entiendo su desesperación frente a la lenta receptividad de académicos y alumnos considerando que los problemas mundiales sociales-económico-político-ecológicos actuales están alcanzando una magnitud tal que requieren de respuestas más rápidas y efectivas.

En mi Universidad aún predomina el paradigma cartesiano, buscándose abordar la ética meramente desde la razón, con un énfasis académico, logrando tan sólo vacunar a alumnos, que una vez aprobado el curso no quieren volver a saber nada más del tema. Seguimos creyendo que aprender es una asunto meramente cognitivo, que ocurre en la cabeza, como ejercicio de la razón cuando en realidad se aprende con la totalidad de la persona, en el inter-juego del cuerpo, la razón, la emocionalidad y el encuentro con el otro. Se aprende para vivir en la cotidianeidad, con la pareja, con la familia, con los amigos; no para ser un erudito o investigador.

El paradigma de la simplicidad, que aborda el mundo con una visión reduccionista, anatómica y fragmentaria (Morin, 1995), ha permeado no sólo al pensamiento científico sino a todo el quehacer humano, incluyendo a la educación. La visión mecanicista fue adoptada desde el siglo XVIII con éxito por la milicia, enseguida por las organizaciones industriales y finalmente por los sistemas educativos: “el resultado fue el sistema escolar de la era industrial hecho a imagen de la línea de montaje” (Senge, 2002, p. 42), con disciplinas separadas, grados secuenciales y pruebas estandarizadas.

Paradójicamente, las ciencias naturales que fueron el motor de la modernidad, ya han trascendido desde hace varias décadas el paradigma positivista emergiendo en lo que Wheateley (1994) llama la nueva ciencia, con las indeterminaciones de la física cuántica, la matemática del caos y la biología de la autopoiesis; mientras que nuestras instituciones, de las educativas a las productivas siguen funcionando en su gran mayoría con base en modelos newtonianos, que son inherentemente deterministas, simplistas y fragmentarios.

De acuerdo a Wallerstein (2007b), entre 1850 y 1914, las universidades del mundo se formalizaron una serie de Escuelas o Facultades aisladas organizadas alrededor de las disciplinas cerradas historia, sociología, economía y política --llamadas en conjunto ciencias sociales-- que quedaron en medio de la segmentación del conocimiento en ciencias naturales y en artes y filosofía. Sin embargo, el mundo social no puede ser entendido a cabalidad si no se estudian las interrelaciones entre los fenómenos sociológicos, económicos y políticos. De hecho, uno de los elementos centrales de la complejidad son las interrelaciones (Sterman, 2000).

Hoy es necesario integrar el entendimiento de los sistemas sociales y naturales en esquemas holísticos. Afortunadamente, como señala Wallerstein (2007b), ha surgido un debate amplio que ha venido cuestionando la necesidad de interrelacionar las áreas de conocimiento fragmentadas.

La Universidad para la que trabajo surgió cuando el país, que vivía un crecimiento económico llamado el milagro mexicano, se trasformaba de una sociedad rural a una sociedad industrial. Los cuadros técnicos que el país requería era el de gente que dejará el tiempo policrónico del campo para sumir el monocrónico de la fábrica. Junto al conocimiento tecnológico lo estudiantes asumían valores tales como el sometimiento a la autoridad, la conformidad a las normas, el cumplimiento de contratos y la puntualidad. Ahora en el siglo XXI, en la economía del conocimiento (Castells, 21 de febrero de 2000), aquellos valores no sólo no son necesarios sino que resultan a veces una desventaja cuando se requiere flexibilidad, innovación, aceptación de las diferencias, tolerancia, etc. para competir en esta nueva economía. Sin embargo, los profesores seguimos estableciendo un sistema paternalista autoritario en el que se pasa lista y se espera sometimiento a la autoridad, como en el sistema Ford, cuando la competitividad está en los sistemas Cisco o Google.

Hoy es necesario integrar el entendimiento de los sistemas sociales y naturales en esquemas holísticos, que den cuenta de las relaciones entre áreas que parecerían aisladas. Es necesario generar visiones amplias de las consecuencias a largo plazo y en regiones remotas de nuestras acciones locales. Pero las viejas prácticas no son fáciles de erradicar para asumir las nuevas. Tenemos que seguir trabajando, desde nuestras respectivas trincheras, generando espacios de reflexión y abriendo voluntades y consciencias.

Referencias:



  • Castells, M. (21 de febrero de 2000). La ciudad de la nueva economía. Conferencia, Universidad de Barcelona. Disponible en: www.lafactoriaweb.com/articulos/castells12.htm

  • Enzioni, A. (4 de Agosto de 2002).When it comes to ethics, B-schools get an F. The Washington Post.

  • Morin, E. (1995). Introducción al pensamiento complejo. Extractos disponibles en: http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/Introduccion%20al%20pensamiento%20complejo%20Edgar%20Morin.pdf

  • Senge, P. (2002). Escuelas que aprenden: Un manual de la quinta disciplina para educadores, padres de familia y todos los que se interesen en la educación. Bogotá, Colombia: Ed. Norma.

  • Sterman, J. (2000 ). Business dynamics: Systems thinking and modeling for a complex world. Boston, EEUU, Irving- McGraw Hill.

  • Wallerstein, I. (2007a). Abrir las ciencias sociales. 10ma Ed. México, DF.: Siglo XXI

  • Wallerstein, I. (2007b). Impensar las ciencias sociales. 5ta Ed. México, DF.: Siglo XXI

  • Wheately, M.J. (1994). El liderazgo y la nueva ciencia: La organización vista desde las fronteras del siglo xxi. Bueos Aires, Argentina: Ed. Vergara