Se dice que ya no hay líderes. Se está volteando a ver al lugar equivocado.
Por doquier se observan multitudes de líderes que silenciosamente transforman al país y al mundo con su actividad cotidiana: las madres que se entregan al crecimiento de sus hijos, los maestros que se dedican a la potenciación de sus estudiantes, las secretarias que son el centro de encuentro en la oficina, los empleados que entusiasman a sus compañeros, los estudiantes que luchan por ser mejores, los empresarios que se arriesgan con nuevas ideas de negocio y más.
Es cuestión de voltear a ver hacia el lugar correcto.

El príncipe heredero del lejano reino de Nordoña se enamoró perdidamente de la belleza de la princesa de Liberta. Floreció entre ellos el amor y se casaron el mismo día que se hizo rey. Gobernaron con sabiduría, procrearon hijos justos y su pueblo los amaba y respetaba.
Con el paso de los años, el Rey vio con tristeza que la belleza de la reina se perdía. Su corazón se fue llenando de pesadumbre. En todo el pueblo había cierta desolación.
Un día, de paso por el reino, un hada viajera se compadeció del Rey y conjuró un hechizo para limpiarle la vista.
El Rey de pronto vio en su esposa madura una gran belleza y se enamoró de ella profundamente.
La gente en el reino comentaba la hermosura de su reina: "¿qué se hizo?".
En el pueblo hubo un ambiente renovado de plenitud y alegría.

De acuerdo a una investigación de Paola Sapienza de la Northwestern University divulgada en la edición del 26 de agosto de la revista The Economists la baja presencia de la mujer en el sector financiero no es tanto un asunto de discriminación sino de niveles de testosterona.
La industria financiera está dominada por personas que son atraídas a asumir riesgos y la testosterona es la hormona que no sólo gobierna el apetito sexual sino también la inclinación al riesgo.
La Dra Sapienza realizó diversas mediciones de niveles de testosterona en un grupo de estudiantes de maestría en administración que aspiraban a entrar en la banca y luego les pidió participar en una actividad en la que podrían ganar diversas cantidades de dinero. Los participantes iban tomando decisiones de optar por mayores ganancias; pero incrementando el riesgo de perderlo todo. Se medía el punto donde cada uno decidía dejar de arriesgarse. Resultó que hombres y mujeres con los mismos niveles de testosterona se detenían en el mismo punto. Tanto para hombres como para mujeres, considerados por separado, a mayor nivel de la hormona mayor era el riesgo que decidían correr.
Los estudiantes fueron seguidos después de su graduación para observar finalmente qué carreras seguían. Como era de esperarse, el riesgoso trabajo de las finanzas fue elegido con mayor frecuencia por hombres que por mujeres; pero la investigación mostró que el sexo no fue la variable que intervino en la elección sino el nivel de testosterona. Más aún, también se estudiaron los portafolios personales de inversión de los graduados, en junio de 2008 (antes del colapso financiero) y en enero de 2009 (después del colapso), y los resultados fueron semejantes a los anteriores: a mayor nivel de testosterona mayor nivel del riesgo asumido.
Ni duda cabe que durante el último año las personas con menores niveles de testosterona resultaron menos perjudicadas en sus inversiones.