Construyendo una vida con significado


“He sido todas las cosas impías, y si Dios puede actuar a través de mí,
puede actuar a través de cualquiera”.
San Francisco de Asís


Luego, Yo tengo el poder dentro de mí.


Mucho del presente artículo ha sido escrito gracias a dos situaciones: la primera por un curso de Gestión del Capital Intelectual en el Tecnológico de Monterrey, Cmapus Monterrey y la otra, debida a un artículo de Lynda Gratton y Sumantra Ghoshal (†) denominado “Managing Personal Human Capital: New Ethos for the ´Volunteer’ Employee”[1] en el European Management Journal Vol. 21, N° 1, pp. 1-10 del 2003.
La reflexión de que un mundo por demás cambiante y agresivo con las personas en su rol de empleados va progresivamente modificándose hacia un papel más libre en la definición de cada uno de nosotros de su futuro. Las relaciones entre los empleados y sus empleadores viene desde ya hace algunos años modificándose de manera tal que, si bien aprovechada representa un sinnúmero de oportunidades para aquel que en alguna época no tan lejana, era considerado como el explotado y que ahora enfocando cada quien su destino podrá vía la autogestión, construir y mejorar su capital intelectual, cambiando los papeles. Y, si no de explotado a explotador buscar una relación sana, madura y porque no de ganar-ganar.
Las organizaciones ya no pueden y no deben prometer un empleo para toda la vida laboral o física de un empleado, la búsqueda no de “la creación de empleos” sino de la empleabilidad vía la mejora continua de nuestras habilidades, el incremento de nuestro conocimiento, la aplicación de nuestra experiencia y la formación y mantenimiento de redes sociales debe de ser la meta de cada uno de aquello quienes nos consideremos dentro de este mundo “glocal”, plano o de la tercera ola e incluso deberemos de alguna manera tratar de incluir a aquellos quienes sus conocimientos y oportunidades no son las mismas que las nuestras; ese, es, querramos o no, nuestro reto.
Pero ¿Cómo puede una persona construir una vida con significado?
Lo que los individuos podemos hacer por nosotros mismos:
ü Autoreflexión de cuáles son nuestros recursos productivos
ü Lo que hacemos que genera valor a nuestra organizaciones
ü Definir las 3 clases de recursos con que contamos como capitales: a) intelectuales, b) sociales y c) emocionales.
Los recursos intelectuales son los atributos individuales como nuestra complejidad cognitiva y nuestra capacidad de aprender, los conocimientos tácito y explícito, las habilidades y el expertise que a través del tiempo construimos; el capital social se refiere a quienes conocemos y que tan bien los conocemos plasmados por medio de la confiabilidad y de la sociabilidad; por último para que todas estas formas de capital funcionen se necesita su fusión por medio del capital emocional vía el darse cuenta de uno mismo, la autoestima y la integridad personal que nos conduzcan a tener autoconfianza. Autoconfianza basada en las anteriores cualidades más el valor y la confiabilidad para convertir a estos tres capitales en acciones.
Las personas quienes laboramos en las organizaciones debemos tomar conciencia de este mundo cambiante y hacernos responsables de nuestra preparación, el ejemplo que nos da el artículo de referencia acerca de la vida de Andy Grove Presidente del Consejo en Intel y quién llegó a los EUA sin un centavo como inmigrante húngaro y quién comentaba siempre a sus empleados: “No importa dónde trabajes, tú no eres ningún empleado. Tú estás dentro de un negocio con un solo empleado: tú mismo. Tu mismo en competencia con millones en negocios similares a lo largo y ancho de todo el mundo… Nadie te debe una carrera. Tú eres el único propietario de ella”.
Pudiera pensarse en Darwin y la ley del más fuerte o tal vez, ¿Del más apto?
Sin entrar a competir con nadie o con millones, debemos aprender incansablemente y prepararnos día con día y aceptar dicha responsabilidad.
En este punto de partida existen cuatro caminos:

1. El valor de llegar a ser uno mismo
2. De ser un activo a ser un inversionista
3. Todos los días, sé lo más tonto que puedas ser[2] y
4. Trabaja tus fronteras o límites.


Las organizaciones como los individuos, se construyen a partir de la definición de un propósito amplio y de un conocimiento profundo de sus capacidades, para ello, sobre todo en lo que respecta a los individuos, se necesita coraje y determinación para convertirse en quien uno quiere ser y ello demanda un alto grado de auto reflexión y ser conscientes de nuestro proceso de autodesarrollo. Lo que S. Covey denomina “de adentro hacia fuera”.
De esta auto reflexión necesitamos determinar que requerimos – qué conocimientos, qué habilidades, qué relaciones y que nos demandará emocionalmente todo ello -.
Siempre hay alguien quién está haciendo las cosas mejor que yo, el reto es ver y estar abiertos a las oportunidades que la vida nos da, por ello el tomar una actitud humilde ante el que no sé, que no conozco y “ser lo más tontos que podamos ser” nos llevará a encontrar dichas oportunidades y ser un aprendiz todo los días y en todo momento.
Cada vez el hacer lo que uno quiere hacer se convertirá en la motivación principal para redituar personal y organizacionalmente de una forma positiva, plena y con futuro. Lo que C. Jung famoso psicólogo discípulo de Freud define como “individuación” o la oportunidad que cada individuo tiene para alcanzar su mayor y más pleno desarrollo, ser un todo y, la “vocatus” de toda persona es decir, el llegar a ser tan completos como sea posible; se convierte en el reto de cada uno de nosotros.
La vida organizacional ya no puede no debe ser la alternativa eterna, todos nosotros tenemos la última palabra.
[1] Traducido el título sería: “Administración del Capital Humano Personal: El Nuevo Ethos del Empleado ¨Voluntario¨”. Ethos – del Griego -, tiene varios significados pero en este contexto debería ser: “punto de partida” ó “teoría de la vida”.
[2] Frase tomada de Jack Welch ex Presidente del Consejo de Administración de General Electric

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