Era un tímido estudiante de ingeniería haciendo prácticas de verano en una importante empresa trasnacional. A pesar de ser desde niño un enamorado de la técnica y de la ingeniería, ya hacía meses que encontraba mucha más satisfacción de realización personal colaborando con un grupo de acción social en comunidades marginadas que en las clases de mecánica y electricidad.
Una tarde, saliendo de la planta con un dominante mánager, vi desde la ventanilla trasera a lo lejos, a un obrero que conocía y que iba en bicicleta. Ondeé la mano saludando y diciendo adiós. Al darse cuenta de lo que había hecho, el mánager volteó y vociferante dijo: “¿qué haces? No debes saludarlos, son como perros”. Atemorizado no alcancé a decir nada y me quedé callado todo el camino; pero internamente se despertó una revolución que duró varios días. Mi conclusión fue: esto no es lo que quiero para mi vida.
Pero tampoco sabía qué era lo que sí quería. Renuncié a la facultad de ingeniería e inicié un camino de búsqueda, tratando de descubrir un camino, un rumbo, una carrera, una profesión, que me dieran un sentido. Hice de todo: acción social, vender trajes, recibir psicoterapia, tomar cursos de desarrollo humano, regresar a terminar ingeniería, iniciar negocios, estudiar la licenciatura en psicología, administrar negocios de amigos y familiares, retirarme a meditar, vivir en comunidad y muchas cosas más.
Pasaron algunos años y una mañana soleada de julio, vino a buscarme a mi trabajo de gerencia un amigo que era director de una escuela y me dijo: “vamos a empezar clases dentro de una semana y me acaba de renunciar el maestro de dibujo técnico; necesito que tú me des esa clase”. Le respondí: “Dar clases es lo último que he pensado hacer en la vida”. Pero mi amigo era muy persuasivo y me convenció de impartir aquel semestre el curso. La experiencia de encontrarme con alumnos y contribuir a su formación me alcanzó muy profundamente. Desde entonces han transcurrido más de 30 años durante los cuales he hecho una carrera sumamente satisfactoria como profesor de tiempo completo.
Creo que los caminos para la realización personal y profesional se encuentran si nos mantenemos caminando y si estamos lo suficientemente atentos y sintonizados con nuestras prioridades de vida, con nuestros valores y creencias, con lo que nos da sentido en la existencia. A esto le llamo “caminar con brújula”.
Ahora se acerca el tiempo de mi jubilación. Es hora de seguir otros caminos. ¿Qué es lo que debo hacer? Seguir caminando con mi brújula bien calibrada.

En el punto más bajo de mi vida, en esa etapa que ahora llaman la emergencia de la adultez, sintiéndome fracasado en muchas áreas, sin trabajo, sin casa y sin vislumbrar un futuro; habiendo jugado con la idea de terminar con todo; desesperado y deambulando sin saber a dónde ir, llegué a su puerta en la parroquia de Mexicalzingo. Al abrirme le dije: “Nacho, me está llevando la fregada; ¿me puedes recibir unos días?” Sin preguntar nada, me invitó a entrar y me dio techo, comida y oído comprensivo durante un año.  El sacerdote Nacho Peña fue el amigo generoso que me tendió la mano en los momentos más difíciles para que yo pudiera construir la persona que ahora soy. El día de hoy, Nacho partió al Padre.
Nunca buscó “evangelizarme” predicándome; de hecho, aunque vivía con él en la casa de la Parroquia, casi nunca fui a misa. Su manera de predicar conmigo fue hacer realidad el Evangelio en la relación en vez de darme discursos religiosos: ayudó al desamparado que era yo, sin esperar nada a cambio. No creo que nunca quisiera convertirme en ningún sentido: tan sólo quiso ayudarme; y al hacerlo me convirtió. Y me convirtió a hacer lo mismo, buscando que el testimonio y el trato hablaran de Dios y no las palabras o los ritos. Subrayando “buscando” porque lo que permanece es la lucha, no los resultados que siempre quedan lejos del ideal.
Queda en mi recuerdo aquella misa a la que sí fui, en la que se celebraba al santo local. Nacho trataba de hacer consciente a la población de que la veneración a la estatua del santo que tanto respetaban debía ser redirigida a sus vecinos, ya que en cada una de las personas Dios sí está presente. Buscaba sacudir al pueblo, haciéndoles ver que la adoración de imágenes y estatuas debía ser abandonada por el amor a los demás, por aceptar como imagen de Dios en el otro. Durante la homilía, estando yo a su lado, puso su mano en mi hombro y preguntó “¿pueden creer que Dios está aquí en mi amigo Enrique?”. Un viejito adusto y enojado dijo algo así como “mire padrecito, aquí el señor San José nunca me ha fallado y lo conozco desde niño; pero este joven no sé quién sea ni de donde venga”. Me dio miedo; pero Nacho no mostraba ningún temor y cuestionaba aguerridamente las creencias erróneas anquilosadas.  
Nacho fue un alma rebelde, siempre buscando sacudir las estructuras encasillantes que le rodeaban. Sus ceremonias no eran ritos repetitivos sin sentido; sino los convertía en asambleas  de reflexión y de encuentro. La homilía la hacía en círculo para que los presentes participaran con sus opiniones; la convertía en una ocasión de formar, sembrar inquietudes y hacer algo diferente para cambiar actitudes. Lo mismo hacía con bautismos y bendiciones de autos y casas: las convertía en ocasiones de reflexión, de formación, de cambio; siempre a través del diálogo, haciendo que la gente se expresara, utilizando preguntas detonadoras. El mensaje llegaba a muchos; pero también molestaba a los custodios de esas prácticas y estructuras. Eventualmente los poderosos se organizaron y lo expulsaron del pueblo; pero muchos lo seguían a donde fuese que le tocara estar.
Nacho y mi otro queridísimo amigo Chucho Márquez nos casaron a Mónica y a mí. Recuerdo largas discusiones en casa de Nacho, decidiendo el formato de la ceremonia. Así era su apertura: permitía la discusión y nada quedaba por sentado nada más “porque así tiene que ser”. Dado que no tendríamos fiesta, el verdadero encuentro con los amigos que nos acompañarían sería en la iglesia por lo que no queríamos casarnos dando la espalda a la gente, sino que necesitábamos una asamblea como las que él siempre hacía. Y fue lo suficientemente flexible para permitir que así fuese. Parecía que la misión en la vida de Nacho era formar gente, y con mucha apertura nos volvió a formar en esa ocasión.
Nacho también fue un coach excepcional formado en la línea de la psicoterapia humanista, dentro de las corrientes de psicoterapia centrada en el cliente de Carl Rogers y psicoterapia Gestalt de Fritz Perls. El año que viví en su casa, él estudiaba la maestría en Desarrollo humano; por lo que en muchas sesiones de terapia que me dio, aprendí de manera vivencial esa forma de hacer coaching; misma que incorporé profundamente en mi manera de ser, y que perdura como mi base de intervención al dar clase y al recibir a mis alumnos en el cubículo, habiéndome impactado mucho más que toda la formación que tuve en la carrera, en la maestría y en todos los cursos y diplomados que he tomado.

Ahora que has partido, Nacho, te doy las gracias por haber cubierto con tu generoso corazón mi alma adolorida cuando más lo necesité. He buscado seguir tu ejemplo y hacer lo que en inglés le dicen “paying forward”. Es la mejor manera que encuentro para darte tributo. Gracias por imprimir en mi alma las huellas que han hecho florecer la mejor parte de mí. Pasaron más de 30 años sin tener mucho contacto contigo; pero me doy cuenta en este momento que esas huellas han hecho que estés presente permanentemente en mí. Querido amigo, fuiste un testimonio vivo y práctico del mensaje de Jesús, y le ruego que te tenga en la palma de su mano hasta que volvamos a encontrarnos.

Fue toda una celebración la graduación de preparatoria de mi hijo Rodrigo en la cual tuve el honor de ser el orador. Fueron casi 500 jóvenes entre los que se encontraron los hijos de muchos amigos. Esto es lo que les dije.

Queridos alumnos. Qué honor el dirigirles unas palabras y que gusto hacerlo cuando mi hijo está entre ustedes.
Para muchos de nosotros, sus padres, el acompañarlos en su proceso de desarrollo personal es la tarea más importante de nuestras vidas.
El momento de vida en que nos encontramos la mayoría de sus padres es en varios sentidos opuesto al de ustedes. Nos corresponde ahora, alrededor de la mitad de la vida, el disolver nuestro ego, el aprender que realmente no importamos y diluirnos frente al mundo y los demás. No es una tarea fácil y algunos nos tardamos más que otros en lograrlo a través de una lucha personal.
Por el contrario, a ustedes les corresponde en esta etapa de su vida el hacer crecer su persona e individualidad, el diferenciarse de los demás, el descubrirse como una persona única e irrepetible. Esta también es una tarea muy difícil, que empieza con la adolescencia.
Los estudios contemporáneos en neurociencia indican que las grandes transformaciones que ocurren en el cerebro en esta etapa de la vida se alargan más allá de lo que se creía previamente, bien adentrado en la década de los veintes, por lo que ahora se considera que la adolescencia, neurológicamente hablando, se extiende hasta los 25 o 26 años.
En su libro “Brainstorm”, Daniel Siegel señala que la adolescencia es un periodo de intenso desarrollo personal en el que su cerebro está experimentando importantes transformaciones.
Entre los mitos de la adolescencia está el creer que simplemente es un periodo de inmadurez y que se pasará con el tiempo; como si fuese una enfermedad. Por el contrario, es un importante y esencial periodo de profunda transformación y crecimiento personal en el que se cultivan cuatro capacidades cuyos nombres conforman la sigla ESCENCIA: 1) el Encuentro Socioafectivo, 2) la Chispa Emocional, 3) la Novedad Creativa y 4) la Inspiración Amplificada.
Son actitudes y habilidades tan importantes que este periodo debiera llamarse adultescencia; porque son capacidades escenciales para la adultez. De hecho, el adulto que pierde estas cualidades cultivadas en la adolescencia es un adulto apagado, sin chispa ni inspiración profunda. Nosotros, los adultos, tenemos que seguir aprendiendo mucho de ustedes y contagiarnos de estas cualidades.
Otro mito de la adolescencia es que este es un periodo para reventarse, para probar de todo, para ponerse en los límites. Oigo decir “¿si no es ahora, cuándo?” Pues nunca. Con esa mentalidad fácilmente te puedes poner en rutas de auto-destrucción de las que difícilmente se salen.
Por el contrario, este es un periodo para hacerte crecer intensamente sumergiéndote, sí en experiencias; pero experiencias entusiasmantes y retadoras, que te nutran y te permitan construir tu persona plena en todas tus facetas.  De ahí que sea muy importante que en este periodo de tu vida te sumerjas en vivencias que te ayuden a esta construcción, actividades que te lleven a pensar, conocer, imaginar, soñar, innovar, explorar, construir, conocerte, descubrirte.
Ahora al graduarte de preparatoria, enfrentarás plenamente los dos retos existenciales más importantes del periodo de la juventud: 1) descubrir cuál es tu misión en la vida y 2) aprender a vivir en intimidad con el otro.
Hablando del primer reto, ahora al graduarse de preparatoria, nosotros, su grupo social, los presionamos para que elijan una carrera; pero les puedo decir que eso es lo menos importante. El asunto del propósito de la vida no tiene que ver con metas ni rumbos, sino con esencias. No es ¿adónde voy? Ni ¿qué camino he de seguir? Sino ¿cómo he de caminar?
Quienes somos creyentes nos podemos preguntar ¿para qué me puso Dios en esta Tierra justo en el Siglo XXI? Quienes no son creyentes se pueden preguntar ¿qué propósito profundo le quiero dar a esta mi vida?
No hay que elegir carrera por un cálculo de posibilidades, de ingresos y beneficios. La pregunta ¿de qué voy a vivir? no es relevante. La pregunta importante es ¿cómo voy a vivir? Con pasión, con energía, con sueños, con vida, creando, generando posibilidades.
Hay que estudiar, desde luego, esta es la etapa para hacerlo, para retar a nuestro cerebro y a nuestro organismo de manera global; pero hay que estudiar aquello que te apasione mucho.
No se espera que este reto lo resuelvas ahora, sino dentro de los siguientes 5 o 6 años.
A mí no me resultó fácil responderlo. Intenté muchos caminos. Estudié ingeniería cuatro años y era buen estudiante; pero tuve que seguir buscando. Me convertí en psicólogo, dirigí negocios y exploré mucho hasta que descubrí que mi vocación es el ser un facilitador del crecimiento. Lo descubrí en la vida y caminando y el Tec me ha permitido realizarlo a plenitud a través de la docencia. Algunos pueden descubrir más rápido su propósito de vida y otros se mueren sin saberlo, sencillamente porque se conforman o se cansan de buscar.
Pero el sentido de la vida, la vocación, la misión personal, lo que me realiza plenamente no se descubre meditando sentado a la vera del camino, se descubre, sí meditando; pero activamente, andando, caminando, probando. Si no sabes ahora qué estudiar, simplemente estudia algo, lo que ahora te de sentido, y luego irás afinando en el camino. No te sientes a esperar a que te llegue la iluminación; ilumínate en la acción.
El segundo reto para esta etapa de tu vida, el aprender a vivir en intimidad con el otro, es de acuerdo al psicólogo Erick Erickson una tarea vital. Vivir en intimidad no se refiere al sexo, sino al establecimiento de relaciones profundas y significativas con el otro, el aprender a abrirse al contacto emocional con el otro, aprender a ser vulnerable y a ser más persona en el encuentro íntimo con los demás.
Erickson daba de plazo para aprender esta tarea vital hasta los 30 años. Así que las relaciones profundas de amistad que ahora estableces con tus amigos y las relaciones de noviazgo son actividades tan importantes como el estudiar una carrera.
A veces veo a algunos de mis alumnos que se brincan mi clase porque se quedaron en el pasillo discutiendo con su pareja. De momento me da coraje porque le pongo mucha pasión a preparar mi clase; pero luego me digo a mí mismo que eso que está ocurriendo en el pasillo es mucho más importante que los diagramas sistémicos y cálculos que los pongo a hacer. De todas maneras le pongo su falta.
Ya aprenderán mi materia cuando la necesiten; pero el asunto de la convivencia en intimidad, requiere de muchísima práctica y del desarrollo de actitudes difíciles de cultivar tales como la empatía, la asertividad, el conocimiento de mí mismo, el saber ser vulnerable. Erich Fromm dedicó un libro al tema y decía que el arte de amar requiere una intensa disciplina y trabajo para dominarlo.
Mi último punto es que ahora al terminar la prepa puedes seguir muchos caminos para desarrollar estas dos tareas. Hemos tenido mi hijo y yo una conversación respecto a que si él va a ser emprendedor, por qué no ir directo a hacer empresa en vez de ir a la universidad. Al fin, ¿no hay tantos ejemplos de personas exitosas tales como Steve Jobs y Bill Gates que así lo hicieron? Habrá que hacer una clarificación, la mayoría de estos famosos sí fueron a la universidad, aunque no se graduaron, y fue justo en ese entorno en el que crearon sus empresas; y muchísimos otros, como Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, descubrieron la oportunidad estudiando la maestría o el doctorado.
En lo personal estoy convencido que la universidad es un espacio ideal, un laboratorio de vida diseñado específicamente para formarte como persona. Y es que no se trata de estudiar una carrera, se trata de estar en un espacio enriquecido para desarrollarte como persona.
Durante tu formación profesional encuentras una diversidad de experiencias que van desde oportunidades de emprendedurismo, de formación profunda en áreas profesionales, de experimentar en diversas prácticas empresariales e institucionales, de participar en dinámicos grupos estudiantiles, de vivir retos en el extranjero aprendiendo a vivir en la globalidad, de participar en compañías de teatro, de crecer en grupos deportivos, y muchas más. Y todo esto teniendo un coaching personal de profesores y directores de carrera de tal manera que puedes aprender más rápido que haciéndolo por cuenta propia.
Pero sea cual sea el entorno en que decidas estar, considera que tus maestros en la Prepa seguimos aquí listos para apoyarte cuando lo requieras, que esta es la casa a la que puedes volver a cargar pilas, y que tus padres estamos para apoyarte y acompañarte en tu camino.
En las buenas y en las malas, cuenta con nosotros. Que Dios te bendiga en tu camino.


¿Cuál es la economía dominante del mundo? Nos podemos llevar sorpresas dependiendo de cuál es el horizonte de tiempo considerado y el indicador económico que consultemos.
Lo podemos ver claramente en el infógrafo de The Economist China's Back. El PPA (paridad del poder adquisitivo) de China es ahora el mayor de entre todos los países, después de que Estados Unidos fue la economía dominante durante 100 años. Pero en un horizonte de 2000 años, China y la India han sido las primeras economías. Así que el repunte actual de China, no es más que un regreso de su posición.
Sin embargo, dado que el PPA es un indicador absoluto y China es enorme, si se utiliza un indicador relativo, el panorama cambia, según el infógrafo China no more también de The Economist. Considerando el tamaño de la economía en términos de Ingreso per Cápita, el panorama cambia: en el año 1000 las economía dominantes eran Irak, Irán y Turquía, en 1950 Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes y actualmente, Luxemburgo, Singapur y Brunei.


De acuerdo a “The management tip of today” del Harvard BusinessReview hay cuatro circunstancias en las que una reunión no ayuda a resolver los problemas y es mejor usar otra estrategia.
Frecuentemente la gente se encuentra saturada de juntas; ¿para qué sumarles una reunión más cuando hay mejores maneras de lograr el objetivo?
Se deberá evitar la reunión cuando:

El tema no justifica el tiempo de todos los participantes

Por ejemplo, descubres que un proveedor hizo cargos adicionales en una serie de órdenes recientes. Los cargos son menores y puedes resolver el problema llamando directamente al proveedor.

Los participantes están molestos y no están listos para hablar

Cuando la gente está conflictuada muchas veces necesita de algún tiempo para acomodar el asunto y prepararse para hablar.

El asunto se resuelve de mejor manera individualmente

Por ejemplo, si deseas obtener información sobre el desempeño de una persona.

Se requiere conocer muchas opiniones personales

Recibirás una retroalimentación más honesta y efectiva si envías una encuesta electrónica que si pides información en grupo.

Para saber más: 
Running Meetings (20-Minute Manager Series); Harvard Business Press Books; jun 03, 2014. Prod. #: 17003E-KND-ENG

De acuerdo al Harvard Business Review (4 septiembre 2103) para moderar un panel con éxito es necesario seguir tres reglas simple. Los foros pueden entusiasmar a los panelistas pero si no se dirige bien puede resultar muy aburrido para la audiencia.
1. Buscar enganchar a la audiencia desde el principio pidiendo que unos cuantos se presenten. Así se tendrá un sentido de quiénes son los presentes y se evitará que los panelistas se queden en su nube.
2. No permitir el uso de presentaciones. Las filminas de powerpoint drenan el tiempo disponible e interfieren  con la posibilidad de que ocurran interacciones interesantes.
3. Evitar que todos los panelistas respondan a cada pregunta. Es suficiente con dos respuestas. Luego es necesario avanzar, pidiendo ejemplos concretos o de plano pasando a otro asunto a menos de que una tercera persona se desviva por opinar.

Para saber más leer “How To Moderate a Panel Like a Pro,” by Scott Kirsner.


Hace 31 años el Tec de Monterrey me contrató como profesor de planta. Con entusiasmo asumí la carga completa de 5 materias después de los buenos resultados que había tenido como profesor de cátedra en la clase de dibujo técnico. Cuando llegaron las primeras evaluaciones de profesores me encontré con puntajes terribles en todas las materias. Me sentí conmocionado y confundido. Protesté contra el sistema de evaluación, me sentí enojado con los alumnos y estuve muy frustrado. Poco a poco fui encontrando la serenidad para poner el foco del problema en mí y no en los demás. El siguiente fin de semana empecé a reaccionar, y decidido a que la clase de movimiento ondulatorio del lunes fuese diferente, me fui a la tienda a comprar cadenas, cuerdas, pelotas, resortes y recipientes: tenía que lograr enganchar a los alumnos. El lunes saqué a los muchachos al pasillo, extendimos una cadena y analizamos el movimiento de un eslabón cuando la cadena ondulaba. Había descubierto el aprendizaje vivencial.

Tuve que empezar a romper mis paradigmas y los del Tec. Al siguiente semestre, la clase de matemáticas I, llena de alumnos que repetían el curso, no por falta de habilidades sino porque la institución tiene la política de reprobar a los alumnos que no asisten un suficiente número de veces a clase, no podía estar basada en mis explicaciones de gis y pizarrón. La estrategia didáctica que diseñé consistía en empezar con una buena inducción que captara la atención y luego una breve explicación del procedimiento matemático a aprender esa clase; por ejemplo, suma de fracciones. Enseguida proponía una lista de ejercicios a resolver individualmente o en parejas, mientras yo iba resolviendo personalmente las dudas de cada alumno. Para motivar, al resolver todos los ejercicios correctamente se podían retirar o, si lo preferían, ayudar a los compañeros que iban más atrasados. En aquel curso se generó una energía emocional muy alta. Al siguiente semestre me moví de Prepa; pero un colega y amigo intentó aplicar la misma estrategia. Le cayó la represión. Le dijeron que no podía aplicar ese sistema y que debía mantener a los alumnos en el salón durante toda la clase. No eran tiempos propicios para la innovación docente y ésta debía ocurrir “underground”.

Recién me encontré dentro de un viejo libro una hoja en la que escribía mis conclusiones al reflexionar sobre la experiencia de un semestre. Ahí anoté cuatro decisiones: 1) Enfocar el proceso de aprendizaje de los alumnos y no sólo al contenido, 2) Aterrizar el curso y los problemas, 3) Crear un clima de aceptación, empatía y libertad, y 4) Administrar las contingencias de reforzamiento. Ahora confirmo que aquellas decisiones siguen siendo vigentes. Estoy convencido de que la experiencia del curso debe ser significativa para el alumno para que realmente pueda aprender algo que valga la pena. Treinta años después, ahora mi área es Aprendizaje y teoría organizacional en la escuela de negocios y liderazgo en posgrado. Pero los principios pedagógicos, o mejor dicho andragógicos, de mi quehacer docente son los mismos.

Me han pedido que comparta en un encuentro de maestros lo que hago y lo que estoy pensando hacer con mis cursos para el próximo semestre. He meditado mucho qué podría compartir a colegas que sienten la misma pasión por enseñar y transformar vidas que yo. A profesores que permanecen en un flujo constante de innovación. Volteo a ver a mis colegas del campus Toluca y de otros campus y por todos lados veo maestros dando lo mejor de sí y buscando maneras más efectivas de conectarse con los alumnos y de facilitar el aprendizaje. Tengo la fortuna de pertenecer a una comunidad de aprendizaje muy dinámica en el campus Toluca. Un grupo de profesores y consultores que constantemente estamos innovando y cuestionándonos sobre nuestras prácticas docentes. Es una comunidad informal a la que alguna vez llamamos la burbuja. En ella, con mis colegas aprendo y me enriquezco constantemente.

Hemos estado muy interesados en el aprendizaje vivencial y recientemente nos hemos capacitado en “Gamification”, corriente a la que en español muchos se refieren como “gamificación”; pero que creemos que un mejor nombre es Ludificación. Como muchos docentes, utilizamos en clase técnicas vivenciales que van desde dinámicas en espacios abiertos hasta actividades con base tecnológica, a las que hemos llamado simuladores. Los simuladores que utilizamos van desde aquellos que generamos nosotros y se utilizan una o dos clases para apuntalar un objetivo de aprendizaje muy específico, como “Guerra en Yugoslavia” hasta aquellos de gran alcance, generados por empresas especializadas y que se convierten en la columna vertebral de todo un curso, como el juego de negocios “The Business Strategy Game”.

Entre los simuladores de objetivo específico generamos uno inspirados en el clásico “Lemonade”. Nosotros quisimos superar esa metáfora tan alejada a nuestra realidad Latinoamericana, ya que nuestros niños no venden limonada durante los veranos. Nuestro simulador se llama “Raspados y atole”, y se refiere a un emprendedor que tiene un micro-negocio de venta de bebidas a la salida de la secundaria. Cada mañana, dependiendo del pronóstico del clima, debe decidir cuántos vasos de atole y de raspados preparará. Usado en el curso de aprendizaje organizacional, el objetivo es que los alumnos determinen cuáles son los factores subyacentes al éxito del negocio y cómo estos se influyen mutuamente de manera sistémica. A diferencia de otros simuladores, el software les permite a los alumnos visualizar gráficamente a lo largo del tiempo el capital acumulado (que técnicamente es un stock o reserva) y las ganancias (el flujo), a fin de descubrir patrones de comportamiento y de ahí explicar sistémicamente el fenómeno.

Es magnífico el movimiento que estamos viviendo en el Tec para tener la infraestructura en instalaciones y soporte de tecnología de la información adecuada para apoyar el proceso educativo. Nos llenamos de gozo al saber que este verano en el Tec tendremos grandes transformaciones en las aulas. Contaremos con espacios flexibles que permitirán fácilmente organizar trabajo en equipos o sesiones plenarias en círculo y en U, o simplemente espacios vacíos para jugar y moverse libremente por el salón. Al mismo tiempo, los enfoques que hemos experimentado en el pasado empiezan ahora a tener nombre: “flipping the classroom”, “gamification”, “experiental learning”, etc. ¡Y nuestras autoridades están ahora liderando la toma de consciencia respecto a estos enfoques! Realmente es sensacional.

Pero queremos hacer una alerta. Desde luego que la facilitación procesos de aprendizaje vivencial significativo es mucho más eficaz si contamos con instalaciones adecuadas. Desde luego que el enseñar a jóvenes milenio nos debe llevar a replantear e innovar nuestras técnicas didácticas. Ciertamente nuestros alumnos, nativos digitales, tienen demandas distintas y son diferentes de los alumnos que teníamos hace 15 años. Ya no puedo esperar que estos alumnos atiendan una explicación de 40 minutos porque en menos de 10 minutos los pierdo. Pareciera que nuestros alumnos tienen déficit de atención; pero en realidad son personas multi-funcionales. Anteriormente yo sostenía que la mente humana no puede atender varios asuntos al mismo tiempo, aunque mi esposa me ha mostrado toda la vida que sí es posible. Mis alumnos pueden atender al video que les presento (y que yo no entiendo si no estoy totalmente concentrado en él) y al mismo tiempo consultar en internet el contenido ahí presentado, twittear sus conclusiones y mandarle un beso a la novia o novio por Facebook. Ahora mi estrategia es presentar en clase “chunks” de información en bloques de no más de 10 o 15 minutos, cambiando el ritmo y el estímulo una y otra vez.

Mucho más que antes, los alumnos no están dispuestos a tolerar actividades que no sean significativas para ellos. Lo que estamos haciendo debe tener un sentido ahora. No basta la promesa de que algún día te servirá. No puedo decir nada que no esté bien fundamentado porque algún alumno busca si Wikipedia confirma lo que digo y me corrige directamente cuando estoy equivocado.

Si bien los alumnos milenio tienen manifestaciones y requerimientos distintos a los alumnos de antes, al mismo tiempo los alumnos siguen teniendo las mismas esencias. Y los apoyos tecnológicos y las técnicas didácticas seguirán siendo sólo apoyos y técnicas. Estoy convencido que el núcleo del proceso de enseñanza aprendizaje está en la relación interpersonal. Porque somos seres sociales, la experiencia de aprendizaje está determinada sustancialmente por el tipo de relación que sostenemos con nuestros alumnos. Starbucks lo sabe bien: para generar una experiencia valiosa para el cliente; sí, la calidad del producto, el aroma de café, la música de fondo, el mobiliario, son importantes; pero lo que determina el tono es el tipo de relación que se mantenga con el cliente: de ahí la importante del trato personalizado, amable, mirando a los ojos, sonriendo auténticamente.

Ya no nos basta con aplicar las clásicas siete habilidades del taller de micro-enseñanza, aunque siguen siendo importantes para presentar temas. Pero en un ambiente ludificado, las habilidades de acompañamiento de personas y equipos son centrales. Creo que ahora más que nunca debemos cuidar con esmero la calidad de relación con nuestros alumnos. Creo que necesitamos combinar al mismo tiempo las habilidades del encantador de perros, César Millán, y las actitudes y habilidades del enfoque centrado en la persona de Carl Rogers.

Por un lado, los conductistas tenían razón. Como bien lo enseña el encantador de perros, la administración de consecuencias tiene efectos contundentes. César Millán enseña a mantener una conducta asertiva sabiendo presentarse como la cabeza del grupo; con aplomo, confianza y seguridad; utilizando adecuadamente el lenguaje no verbal, sin agresión ni violencia. “Calmado y asertivo”, dice. Nuestros alumnos necesitan dirección, que se les diga con claridad qué está permitido y qué está mal. La permisividad, el liderazgo de rienda suelta no les ayuda, sobre todo a los adolescentes. Como tampoco les ayuda un liderazgo vertical, agresivo e impositivo.

Pero por otro lado, los humanistas también tenían razón. Como el educador y psicoterapeuta humanista Carl Rogers decía, nadie puede enseñarle nada significativo a otra persona. Nuestro papel como maestros es el de jardineros que generan las condiciones para que la semilla germine, crezca y florezca por sí misma. No queremos alumnos bonsáis: chiquitos, bonitos, cuidados, de ornato: obedientes y alineados. Queremos alumnos que crezcan con todo su potencial, que extiendan sus raíces hasta donde tengan que hacerlo, que sean los naranjos o manzanos que están destinados a ser y no lo que otros deseamos para ellos. Y este tipo de potencialización es facilitada por actitudes de aceptación positiva incondicional, comprensión empática y congruencia.

El lograr integrar al mismo tiempo actitudes de asertividad, a la César Millán, y de empatía, a la Carl Rogers, en la relación con mis alumnos es algo muy difícil. Aceptar a mi alumno plenamente como persona requiere que yo me mantenga trabajando por la aceptación plena e incondicional de mí mismo. Significa poder ver y apoyar la humanidad que hay en ella o él. Cuidar la potencialización del tipo de árbol que es.

No es fácil aceptar a cada alumno como una persona digna y valiosa, particularmente al que me cae mal, al que me confronta, al que es diferente a mí. En mi experiencia, el mantener este tipo de relación con el alumno requiere del apuntalamiento en un trabajo permanente de desarrollo como profesor y como persona; de cultivar el auto-conocimiento, el auto-desarrollo y la auto-comprensión. La única manera como puedo ser un facilitador verdadero del crecimiento de mis alumnos es comprometerme con mi propio crecimiento personal.

En conclusión, la ludificación de nuestros cursos es importante, el establecimiento de técnicas didácticas adecuadas es importante, el contar con aulas flexibles es importante, el apoyo con tecnología de la información es importante. Estoy trabajando este verano en la ludificación y rediseño de mi curso de administración. Pero no pierdo de vista que la esencia del proceso de enseñanza-aprendizaje está en el establecimiento de relaciones significativas auténticas con mis alumnos y estas sólo se pueden dar si yo mismo como docente estoy en un proceso constante y vigilante de potenciación personal.