De acuerdo al Harvard Business Review (4 septiembre 2103) para moderar un panel con éxito es necesario seguir tres reglas simple. Los foros pueden entusiasmar a los panelistas pero si no se dirige bien puede resultar muy aburrido para la audiencia.
1. Buscar enganchar a la audiencia desde el principio pidiendo que unos cuantos se presenten. Así se tendrá un sentido de quiénes son los presentes y se evitará que los panelistas se queden en su nube.
2. No permitir el uso de presentaciones. Las filminas de powerpoint drenan el tiempo disponible e interfieren  con la posibilidad de que ocurran interacciones interesantes.
3. Evitar que todos los panelistas respondan a cada pregunta. Es suficiente con dos respuestas. Luego es necesario avanzar, pidiendo ejemplos concretos o de plano pasando a otro asunto a menos de que una tercera persona se desviva por opinar.

Para saber más leer “How To Moderate a Panel Like a Pro,” by Scott Kirsner.


Hace 31 años el Tec de Monterrey me contrató como profesor de planta. Con entusiasmo asumí la carga completa de 5 materias después de los buenos resultados que había tenido como profesor de cátedra en la clase de dibujo técnico. Cuando llegaron las primeras evaluaciones de profesores me encontré con puntajes terribles en todas las materias. Me sentí conmocionado y confundido. Protesté contra el sistema de evaluación, me sentí enojado con los alumnos y estuve muy frustrado. Poco a poco fui encontrando la serenidad para poner el foco del problema en mí y no en los demás. El siguiente fin de semana empecé a reaccionar, y decidido a que la clase de movimiento ondulatorio del lunes fuese diferente, me fui a la tienda a comprar cadenas, cuerdas, pelotas, resortes y recipientes: tenía que lograr enganchar a los alumnos. El lunes saqué a los muchachos al pasillo, extendimos una cadena y analizamos el movimiento de un eslabón cuando la cadena ondulaba. Había descubierto el aprendizaje vivencial.

Tuve que empezar a romper mis paradigmas y los del Tec. Al siguiente semestre, la clase de matemáticas I, llena de alumnos que repetían el curso, no por falta de habilidades sino porque la institución tiene la política de reprobar a los alumnos que no asisten un suficiente número de veces a clase, no podía estar basada en mis explicaciones de gis y pizarrón. La estrategia didáctica que diseñé consistía en empezar con una buena inducción que captara la atención y luego una breve explicación del procedimiento matemático a aprender esa clase; por ejemplo, suma de fracciones. Enseguida proponía una lista de ejercicios a resolver individualmente o en parejas, mientras yo iba resolviendo personalmente las dudas de cada alumno. Para motivar, al resolver todos los ejercicios correctamente se podían retirar o, si lo preferían, ayudar a los compañeros que iban más atrasados. En aquel curso se generó una energía emocional muy alta. Al siguiente semestre me moví de Prepa; pero un colega y amigo intentó aplicar la misma estrategia. Le cayó la represión. Le dijeron que no podía aplicar ese sistema y que debía mantener a los alumnos en el salón durante toda la clase. No eran tiempos propicios para la innovación docente y ésta debía ocurrir “underground”.

Recién me encontré dentro de un viejo libro una hoja en la que escribía mis conclusiones al reflexionar sobre la experiencia de un semestre. Ahí anoté cuatro decisiones: 1) Enfocar el proceso de aprendizaje de los alumnos y no sólo al contenido, 2) Aterrizar el curso y los problemas, 3) Crear un clima de aceptación, empatía y libertad, y 4) Administrar las contingencias de reforzamiento. Ahora confirmo que aquellas decisiones siguen siendo vigentes. Estoy convencido de que la experiencia del curso debe ser significativa para el alumno para que realmente pueda aprender algo que valga la pena. Treinta años después, ahora mi área es Aprendizaje y teoría organizacional en la escuela de negocios y liderazgo en posgrado. Pero los principios pedagógicos, o mejor dicho andragógicos, de mi quehacer docente son los mismos.

Me han pedido que comparta en un encuentro de maestros lo que hago y lo que estoy pensando hacer con mis cursos para el próximo semestre. He meditado mucho qué podría compartir a colegas que sienten la misma pasión por enseñar y transformar vidas que yo. A profesores que permanecen en un flujo constante de innovación. Volteo a ver a mis colegas del campus Toluca y de otros campus y por todos lados veo maestros dando lo mejor de sí y buscando maneras más efectivas de conectarse con los alumnos y de facilitar el aprendizaje. Tengo la fortuna de pertenecer a una comunidad de aprendizaje muy dinámica en el campus Toluca. Un grupo de profesores y consultores que constantemente estamos innovando y cuestionándonos sobre nuestras prácticas docentes. Es una comunidad informal a la que alguna vez llamamos la burbuja. En ella, con mis colegas aprendo y me enriquezco constantemente.

Hemos estado muy interesados en el aprendizaje vivencial y recientemente nos hemos capacitado en “Gamification”, corriente a la que en español muchos se refieren como “gamificación”; pero que creemos que un mejor nombre es Ludificación. Como muchos docentes, utilizamos en clase técnicas vivenciales que van desde dinámicas en espacios abiertos hasta actividades con base tecnológica, a las que hemos llamado simuladores. Los simuladores que utilizamos van desde aquellos que generamos nosotros y se utilizan una o dos clases para apuntalar un objetivo de aprendizaje muy específico, como “Guerra en Yugoslavia” hasta aquellos de gran alcance, generados por empresas especializadas y que se convierten en la columna vertebral de todo un curso, como el juego de negocios “The Business Strategy Game”.

Entre los simuladores de objetivo específico generamos uno inspirados en el clásico “Lemonade”. Nosotros quisimos superar esa metáfora tan alejada a nuestra realidad Latinoamericana, ya que nuestros niños no venden limonada durante los veranos. Nuestro simulador se llama “Raspados y atole”, y se refiere a un emprendedor que tiene un micro-negocio de venta de bebidas a la salida de la secundaria. Cada mañana, dependiendo del pronóstico del clima, debe decidir cuántos vasos de atole y de raspados preparará. Usado en el curso de aprendizaje organizacional, el objetivo es que los alumnos determinen cuáles son los factores subyacentes al éxito del negocio y cómo estos se influyen mutuamente de manera sistémica. A diferencia de otros simuladores, el software les permite a los alumnos visualizar gráficamente a lo largo del tiempo el capital acumulado (que técnicamente es un stock o reserva) y las ganancias (el flujo), a fin de descubrir patrones de comportamiento y de ahí explicar sistémicamente el fenómeno.

Es magnífico el movimiento que estamos viviendo en el Tec para tener la infraestructura en instalaciones y soporte de tecnología de la información adecuada para apoyar el proceso educativo. Nos llenamos de gozo al saber que este verano en el Tec tendremos grandes transformaciones en las aulas. Contaremos con espacios flexibles que permitirán fácilmente organizar trabajo en equipos o sesiones plenarias en círculo y en U, o simplemente espacios vacíos para jugar y moverse libremente por el salón. Al mismo tiempo, los enfoques que hemos experimentado en el pasado empiezan ahora a tener nombre: “flipping the classroom”, “gamification”, “experiental learning”, etc. ¡Y nuestras autoridades están ahora liderando la toma de consciencia respecto a estos enfoques! Realmente es sensacional.

Pero queremos hacer una alerta. Desde luego que la facilitación procesos de aprendizaje vivencial significativo es mucho más eficaz si contamos con instalaciones adecuadas. Desde luego que el enseñar a jóvenes milenio nos debe llevar a replantear e innovar nuestras técnicas didácticas. Ciertamente nuestros alumnos, nativos digitales, tienen demandas distintas y son diferentes de los alumnos que teníamos hace 15 años. Ya no puedo esperar que estos alumnos atiendan una explicación de 40 minutos porque en menos de 10 minutos los pierdo. Pareciera que nuestros alumnos tienen déficit de atención; pero en realidad son personas multi-funcionales. Anteriormente yo sostenía que la mente humana no puede atender varios asuntos al mismo tiempo, aunque mi esposa me ha mostrado toda la vida que sí es posible. Mis alumnos pueden atender al video que les presento (y que yo no entiendo si no estoy totalmente concentrado en él) y al mismo tiempo consultar en internet el contenido ahí presentado, twittear sus conclusiones y mandarle un beso a la novia o novio por Facebook. Ahora mi estrategia es presentar en clase “chunks” de información en bloques de no más de 10 o 15 minutos, cambiando el ritmo y el estímulo una y otra vez.

Mucho más que antes, los alumnos no están dispuestos a tolerar actividades que no sean significativas para ellos. Lo que estamos haciendo debe tener un sentido ahora. No basta la promesa de que algún día te servirá. No puedo decir nada que no esté bien fundamentado porque algún alumno busca si Wikipedia confirma lo que digo y me corrige directamente cuando estoy equivocado.

Si bien los alumnos milenio tienen manifestaciones y requerimientos distintos a los alumnos de antes, al mismo tiempo los alumnos siguen teniendo las mismas esencias. Y los apoyos tecnológicos y las técnicas didácticas seguirán siendo sólo apoyos y técnicas. Estoy convencido que el núcleo del proceso de enseñanza aprendizaje está en la relación interpersonal. Porque somos seres sociales, la experiencia de aprendizaje está determinada sustancialmente por el tipo de relación que sostenemos con nuestros alumnos. Starbucks lo sabe bien: para generar una experiencia valiosa para el cliente; sí, la calidad del producto, el aroma de café, la música de fondo, el mobiliario, son importantes; pero lo que determina el tono es el tipo de relación que se mantenga con el cliente: de ahí la importante del trato personalizado, amable, mirando a los ojos, sonriendo auténticamente.

Ya no nos basta con aplicar las clásicas siete habilidades del taller de micro-enseñanza, aunque siguen siendo importantes para presentar temas. Pero en un ambiente ludificado, las habilidades de acompañamiento de personas y equipos son centrales. Creo que ahora más que nunca debemos cuidar con esmero la calidad de relación con nuestros alumnos. Creo que necesitamos combinar al mismo tiempo las habilidades del encantador de perros, César Millán, y las actitudes y habilidades del enfoque centrado en la persona de Carl Rogers.

Por un lado, los conductistas tenían razón. Como bien lo enseña el encantador de perros, la administración de consecuencias tiene efectos contundentes. César Millán enseña a mantener una conducta asertiva sabiendo presentarse como la cabeza del grupo; con aplomo, confianza y seguridad; utilizando adecuadamente el lenguaje no verbal, sin agresión ni violencia. “Calmado y asertivo”, dice. Nuestros alumnos necesitan dirección, que se les diga con claridad qué está permitido y qué está mal. La permisividad, el liderazgo de rienda suelta no les ayuda, sobre todo a los adolescentes. Como tampoco les ayuda un liderazgo vertical, agresivo e impositivo.

Pero por otro lado, los humanistas también tenían razón. Como el educador y psicoterapeuta humanista Carl Rogers decía, nadie puede enseñarle nada significativo a otra persona. Nuestro papel como maestros es el de jardineros que generan las condiciones para que la semilla germine, crezca y florezca por sí misma. No queremos alumnos bonsáis: chiquitos, bonitos, cuidados, de ornato: obedientes y alineados. Queremos alumnos que crezcan con todo su potencial, que extiendan sus raíces hasta donde tengan que hacerlo, que sean los naranjos o manzanos que están destinados a ser y no lo que otros deseamos para ellos. Y este tipo de potencialización es facilitada por actitudes de aceptación positiva incondicional, comprensión empática y congruencia.

El lograr integrar al mismo tiempo actitudes de asertividad, a la César Millán, y de empatía, a la Carl Rogers, en la relación con mis alumnos es algo muy difícil. Aceptar a mi alumno plenamente como persona requiere que yo me mantenga trabajando por la aceptación plena e incondicional de mí mismo. Significa poder ver y apoyar la humanidad que hay en ella o él. Cuidar la potencialización del tipo de árbol que es.

No es fácil aceptar a cada alumno como una persona digna y valiosa, particularmente al que me cae mal, al que me confronta, al que es diferente a mí. En mi experiencia, el mantener este tipo de relación con el alumno requiere del apuntalamiento en un trabajo permanente de desarrollo como profesor y como persona; de cultivar el auto-conocimiento, el auto-desarrollo y la auto-comprensión. La única manera como puedo ser un facilitador verdadero del crecimiento de mis alumnos es comprometerme con mi propio crecimiento personal.

En conclusión, la ludificación de nuestros cursos es importante, el establecimiento de técnicas didácticas adecuadas es importante, el contar con aulas flexibles es importante, el apoyo con tecnología de la información es importante. Estoy trabajando este verano en la ludificación y rediseño de mi curso de administración. Pero no pierdo de vista que la esencia del proceso de enseñanza-aprendizaje está en el establecimiento de relaciones significativas auténticas con mis alumnos y estas sólo se pueden dar si yo mismo como docente estoy en un proceso constante y vigilante de potenciación personal.


Recibí un boletín por correo de la empresa de software de diseño SmartDraw. Es un resumen del libro “Los secretos de presentación de Steve Jobs: Cómo ser increíblemente brillante delante de cualquier público” de Carmine Gallo. Esta es la traducción del artículo.
Antes de planificar tu presentación, de acuerdo con Carmine Gallo, es fundamental saber qué es lo que le importa a tu audiencia: "¿Por qué me debería interesar?" 1 Tienes que pensar cómo inspirar a tu audiencia. El tratar de vender algo no basta. Como Carmine escribe: "Tu widget no me inspira. Muéstrame cómo es que tu widget mejora mi vida, y me conquistarás." 2
Estas son los diez secretos de Steve Jobs para realizar grandes presentationes.3

1. Planea a mano (analógicamente). 

Haz una lluvia de ideas antes de crear de tu presentación. Puedes usar lápiz y papel, un pizarrón o, mejor aún, un mapa mental.
NO utilices PowerPoint ® para crear tu presentación. ¡Esta herramienta se utiliza hasta el final!

2. Crea títulos tipo Twitter. 

Describe tu producto o servicio en 140 caracteres o menos. Preferiblemente, mucho menos. Steve presentó el MacBook Air ® diciendo simplemente, "el portátil más delgado del mundo". Acerca del iPod ® de primera generación, twitteó: "Es mil canciones en tu bolsillo".

3. Presenta al villano. 

Steve vio una presentación como una obra de teatro en tres actos que cuenta una historia; pero ¿qué es de una historia sin un héroe y un villano? Antes de presentar el famoso anuncio 1984 a un grupo de vendedores de Apple, sentó las bases presentando a "Big Blue" como Goliat. Advirtió: "IBM lo quiere todo", y aseguró desafiante que sólo Apple podía interponerse. El dramatismo hizo delirar a la  multitud. Aunque el villano no tiene por qué ser un competidor, debe ser un enemigo común que motive al público a unírsete contra él. Entonces tú producto o servicio se revela como el héroe salvador.

4. Crea diapositivas visuales. 

Como dice Carmine: "Los neurocientíficos han descubierto que la mejor manera de comunicar la información es a través de texto e imágenes y no de texto solo". En cuanto a los balazos o bullets, Steve nunca, nunca, los utilizó y tú tampoco deberías hacerlo. Carmine tiene una sección en su libro titulado, "Los Balazos Matan", en el que describe por qué se debe evitar el uso de PowerPoint para crear la presentación.
"Piensa en lo que sucede cuando abres el PowerPoint. Aparece una diapositiva en blanco con un espacio para un título y un subtítulo. Esto presenta un problema. Hay muy pocas palabras en una presentación de Steve Jobs. Ahora piensa en lo primero que ves en el menú Formato:... viñetas y numeraciones. Esto lleva al segundo problema: No hay balazos o bullets en una presentación de Steve Jobs. El software en sí te obliga a crear una plantilla que representa exactamente lo contrario de lo que se necesita para presentar como Steve! "4
Echa un vistazo a las siguientes diapositivas de balazos en comparación con la misma información presentada visualmente. 

 

5. Practica mucho. 

La mayoría de la gente lee sus presentaciones desde las diapositivas de PowerPoint. Esta es la razón por la mayoría de las presentaciones son aburridas. Steve trataba cada diapositiva como una pieza de poesía y todas las presentaciones como un evento teatral. No era un presentador natural; trabajó muy duro para lograrlo. Ensaya tu presentación, avienta el guión y mira a al público. Practicando harás que parezca fácil.

6. Apégate a la regla de los diez minutos. 

Es un hecho científico que el cerebro se cansa después de diez minutos de atención. Las presentaciones de Steve típicamente duraban una hora y media. Lo que hacía era fragmentarlas en intervalos de diez minutos o menos intercalando videos, demostraciones o invitados. No permitas que tu público se canse o los perderás.
La secuenciación es una manera de mantener la atención del público, construyendo la historia mediante un paso visual a la vez, haciendo que la información sea mucho más fácil de digerir.


7. Viste tus números. 

A menudo nos enfrentamos a muchos números o datos que el público no se puede comprender sin un contexto. Descomponerlos y presentarlos visualmente puede ayudar a superar esto. Nota cómo la gráfica de abajo ilustra mucho más eficazmente las cifras de ventas que una tabla de datos.


8. Descubre un momento de "¡Santo cielo!”. 

Maya Angelou dijo: "La gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero las personas nunca olvidarán cómo los hiciste sentir." Steve Jobs siempre producía un momento memorable dentro de una presentación. Cuando presentó el MacBook Air, le dijo a su audiencia que mientras todo el mundo había visto sobres de papel manila volando por toda la oficina, lo que nunca se había visto era una persona sacando una computadora portátil de uno de esos sobres; y eso fue exactamente lo que hizo. El público se volvió loco y las imágenes de ese momento permanecen grabadas por siempre en las mentes de la gente.

9. Vende sueños, no productos. 

Al ver el iPod todo mundo vio un reproductor de música. Lo que Steve Jobs vio fue una herramienta para enriquecer la vida de las personas. Howard Schultz, de Starbucks no tenía una pasión por vender café, su visión era crear una experiencia: una "tercera posición" entre la casa y el trabajo, donde la gente quisiera reunirse. El sueño cumplió las necesidades del cliente y las ventas del producto crecieron por sí mismas.

10. ¡Diviértete! 

¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien disfrutando de una presentación? Steve Jobs se divertía con cada presentación. Hizo bromas a costa de sí mismo. Aunque la mayoría de la gente hace presentaciones para presentar información, Steve siempre generaba una experiencia que su audiencia disfrutara y recordara. Más importante aún, los convencía de ser parte de su sueño, no de comprar un producto.

Referencias:

1 Carmine Gallo, The Presentation Secrets of Steve Jobs: How to Be Insanely Great in Front of Any Audience, McGraw-Hill [Kindle Edition], pp. 223-31.
2 Gallo. pp. 201-7.
3 Para una presentación de estos diez consejos ver el artículo de Carmine Gallo para Forbes: http://www.forbes.com/2009/10/08/steve-jobs-presentations-technology-meetings-09-tips_slide.html
4 Gallo. pp. 249-63.

Comparto las ideas que comuniqué en la celebración de los 25 años de graduados de la generación 1987 del Tec de Monterrey Campus Toluca. Fue una muy bella experiencia re-encontrarme con alumnos que dejaron una huella en mi corazón. A ellos les dije:


Mucho tiempo después cumplo un compromiso que no pude realizar en su momento. No pude acompañarte en tu graduación porque en aquel entonces estudiaba mi maestría fuera del país. Me da mucho gusto poder hacerlo ahora.

Nos conocimos hace casi treinta años en un momento muy importante de tu vida. Yo me iniciaba como maestro y tú venías saliendo de una de las etapas más críticas e importantes de la vida: la adolescencia e iniciabas el estudio de tu carrera profesional.

La adolescencia es fundamental en el desarrollo del ser humano. Es la etapa en la que definimos nuestra identidad, cuando nos distinguimos de nuestra familia de origen y nos constituimos como un individuo único e irrepetible. La formación profesional nos ayuda a dar cuerpo a esa identidad.

Ahí estábamos tus maestros, sí para ayudarte a aprender las disciplinas de la profesión que elegiste; pero sobre todo, y de manera más importante y fundamental, a acompañarte a gestar el tipo de persona que decidiste ser.

Mientras tú estabas en ese proceso yo pude descubrir mi misión en la vida. En la relación contigo clarifiqué que la razón por la que Dios me puso en esta tierra, en esta época, en la encrucijada del cambio de milenio, es para ser un facilitador del crecimiento.

Estoy hecho para ayudar a las personas a ser más personas y para ayudar a empresas e instituciones a ser organizaciones aprendientes plenamente humanas. Dios me dio talentos para ser como el agricultor o el jardinero que ayuda a la semilla a crecer. He descubierto que para ser un buen jardinero, el primer requisito es el facilitar mi propio desarrollo humano y que uno de mis primeros retos y obligaciones es el de ayudar al crecimiento personal de mis seres queridos, particularmente el de mi compañera de vida, Mónica, y el de mis hijos, Andrea y Rodrigo.

Crecer, madurar, desarrollarse en un individuo pleno y auto-actualizado es una labor ardua en la que fallo todos los días. Pero con la consistencia de propósito se puede ir avanzando.

Facilitar el crecimiento de los demás no es una asunto de hacer que los otros hagan  lo que yo quiero, ni de enseñar o dirigir desde una posición de autoridad o de supuesto experto. Es un asunto de respetar profundamente a la otra persona para que surja el individuo que está destinado a ser o que desea ser. Se trata de facilitar, acompañar, aceptar, colaborar, ayudar al proceso de gestación del otro. Aunque he de decir, que el acompañar en esto a mis alumnos es más fácil que el hacerlo con mis hijos.

Treinta años después de aquel primer encuentro que tuve contigo en el salón de clases volvemos a coincidir. Con varios de ustedes he mantenido un contacto a lo largo de los años y hemos desarrollado una amistad. A otros los dejé de ver por mucho tiempo, y a unos cuantos los he re-encontrado a través del Facebook. Las redes sociales me han permitido ser testigo de los extraordinarios hombres y mujeres en que se han convertido. No me gusta interferir mucho en esas conversaciones virtuales; pero he estado atento, respetuoso, maravillándome.

Muchos de ustedes tienen ahora hijos adolescentes o estudiando su carrera profesional, hijos que están realizando esa tarea vital de individuación y de formación en la que estaban ustedes hace treinta años. Y veo la manera bella como van acompañando a sus hijos para convertirse en individuos plenos y únicos.
Y hay una coincidencia interesante. La tarea vital que te está correspondiendo vivir en este momento es la de otra etapa de la vida, que no está tan documentada ni tan estudiada como la adolescencia; pero que es igual de importante, de crítica y, a veces, de difícil y tormentosa.

A falta de encontrar un mejor nombre, se le ha llamado la crisis de la mitad de la vida. Típicamente ocurre por ahí de los 40 a los 50, aunque hay quien como Jesús o San Francisco la trascienden muy temprano y hay quienes llegan a ancianos y no se transforman; al igual que algunos no trascienden la crisis anterior y siguen siendo eternamente adolescentes.

La crisis de la mitad de la vida es el momento en que me detengo a cuestionarme sobre lo que he hecho frente a todos los sueños que tenía en mi juventud. Representa generalmente una crisis profunda. Es cuando me doy cuenta cabal de que muchos sueños no los he podido lograr y que el tiempo ha pasado. Descubro que otras opciones y eventualidades surgieron en el camino, que tuve que vivir como se pudo y, a veces, tuve tan sólo que sobrevivir. Surge muchas veces un descontento con lo logrado y el anhelo de la juventud perdida.

Nadie nos orienta sobre cómo vivir esta crisis, qué hacer con ella y algunos se alocan: de pronto ya no les gusta su relación de pareja y quieren algo nuevo, o se compran un auto deportivo para sentirse adolescentes de nuevo o uno grande y potente para demostrarle al mundo que son grandes y poderosos, aunque por dentro saben que todo es falso.

La transición de la crisis de la mitad de la vida no se logra pataleando hacia afuera ni rompiendo con todo; a la Gauguin, quien dejó negocios, hijos y esposa y se fue a pintar a la islas Tahití. Se logra metiéndose adentro, viviendo el desierto interior, quedándose con los propios demonios.

El pasaje de la crisis de la mitad de la vida es tan difícil y tan importante como el de la adolescencia. Pero no es una segunda adolescencia ya que los sentidos de ambas transiciones son opuestos. El objetivo de la crisis de la mitad de la vida es la disolución del ego. El llegar a comprender que hay una dimensión mayor que el yo, más allá de lo que quiero, deseo y anhelo. Que finalmente no soy tan importante, que no soy el centro del universo, que hay tareas superiores a la satisfacción de mis metas personales.

El disolver el ego también implica darme cuenta que no sólo soy lo que me he dicho que soy, ya sea esto algo bueno o malo, sino que también soy lo opuesto. Que soy una totalidad, con muchas polaridades. Y nuestros adolescentes afortunadamente están ahí para ayudarnos a realizar esta tarea vital al decirnos sin darse cuenta: “no eres tan importante”, “no eres único”, “déjame ser alguien distinto a ti”.

En la medida en que voy dejando ir a mis hijos, en la medida en que voy dejando ir al ego que construí las décadas pasadas, voy haciendo la transición a la siguiente etapa. Y lo que viene, el siguiente periodo, es un paraíso, un momento de vida de enorme plenitud y satisfacción personal, un sentido de profunda trascendencia. Se convertirá en la mejor etapa de tu vida.

Pues bien, estas son las tareas vitales que nos toca vivir. Cada uno, a sus ritmo y con sus recursos, vamos andando, en el camino, creciendo, viviendo lo que tenemos que vivir. Y en cada una de estas etapas estamos en el Tec para acompañarte.

Muchos de ustedes han depositado ahora su confianza de nuevo en nosotros para que acompañemos a sus hijos. Es un privilegio el hacerlo. Es una gran responsabilidad. Gracias por permitirnos acompañarles y gracias, en lo personal, por permitirme realizar mi misión en la vida. Te deseo mucho éxito en tus procesos vitales. Muchas gracias.


Paul J. H. Schoemaker nos advierte sobre seis aptitudes del pensador estratégico en “6 habits of strategic thinkers” (20 marzo 2002, Inc.)
Señala que los directivos tienden a sumergirse en las actividades del día a día, perdiendo la perspectiva estratégica del negocio. Para mantenerse como un pensador estratégico sugiere cultivar los siguientes hábitos.

Anticipar:

Implica el mantener una visión periférica. Se debe estar al pendiente de los cambios que están ocurriendo en los límites del sector donde se encuentra la empresa y más allá. Para lograrlo es muy útil mantener redes de relación extensas.

Pensar críticamente:

Es el hábito de cuestionar todo permanentemente, lo mismo la nueva moda de management que opiniones que surgen del “sentido común”. Es necesario re-encuadrar los problemas con una visión sistémica pensamiento para encontrar las causas raíz y los puntos de apalancamiento, desentramar los modelos mentales (creencias y prejuicios) propios y de la organización y sostener un diálogo franco y abierto al tomar decisiones. 

Interpretar:

El malestar que genera la ambigüedad lleva a tomar decisiones demasiado rápido. Una interpretación más profunda requiere saber fluir con la incertidumbre dejando que un patrón emerja de la información que se va recopilando. Es necesario buscar patrones en diversas fuentes de datos y estimular a los demás a hacer lo mismo. Es necesario cuestionar las premisas y probar múltiples hipótesis antes de tomar la decisión.

Decidir:

Muchos líderes caen en una parálisis de análisis. Es la contraparte del hábito anterior. Es necesario implementar procedimientos y medidas para finalmente tomar la decisión desde una posición lo suficientemente informada; pero evitando buscar la decisión perfecta. Se debe buscar un balance entre rigor, velocidad, calidad y agilidad. Hay que decidir con información incompleta y en medio de la diversidad de opiniones.

Alinear:

El consenso total es raro; pero el líder estratégico promueve el diálogo abierto, trabaja por generar confianza e involucra a todos los stakeholders; particularmente cuando los puntos de vista divergen. Para ello es necesario abrir los asuntos difíciles, aun cuando generen malestar; entender las motivaciones y temores de los demás, incluyendo sus agendas ocultas; y trabajar por generar el apoyo necesario. 

Aprender:

Entre más crece la empresa más difícil es encontrar retroalimentación directa y honesta; por lo que es necesario generarla por diseño. Esto resulta crucial porque los éxitos y fallas, particularmente estas últimas, son fuente invaluable de aprendizaje organizacional. Lo que se puede hacer es promover y ejemplificar sesiones de aprendizaje honestas y rigurosas después de la implementación de medidas o de eventos importantes, corregir el curso tan pronto como se descubra que se va en una dirección incorrecta, y celebrar tanto el éxito como las fallas bien intencionadas que generen aprendizaje importante. 

¿Está en mí el poner en práctica estos hábitos?

Ciertamente son un conjunto retador de habilidades con las que nadie nace siendo un cinta negra. Pero; termina diciendo Schoemaker, se pueden aprender sea cual fuese el nivel que nos falte para implementarlas con éxito.
But for now, test your own strategic aptitude (or your company's) with the survey at www.decisionstrat.com. In the comments below, let me know what you learned from it.
Schoemaker, Paul J. H. (20 marzo 2002). “6 habits of strategic thinkers”. Inc. disponible en este enlace.

Esto es lo que quisiera decirle a todos mis alumnos el primer día de clase, la próxima semana.

Como maestro realmente no puedo enseñarte nada que sea significativo.
Tú eres quien tiene que aprender. Nadie puede enseñar nada realmente significativo a otra persona (ya lo dijo Carl Rogers).
Estoy aquí para acompañarte en tu viaje de aprendizaje.
Mi función es el allanarte el camino a veces y otras hacertelo más difícil, siempre esperando que tú aprendas algo que valga la pena para tí.
En este curso he diseñado una ruta pre-establecida, para que la recorramos juntos.
En esta ruta yo también voy a aprender.
La ruta es una propuesta. Estoy dispuesto a negociarla; pero no voy a recorrer un camino que no resulte significativo para mí.
Si el camino que hemos de recorrer finalmente no resulta significativo para tí, si realmente no es un camino que tú desees recorrer, difícilmente podrás aprender algo valioso.
La única manera de que aprendas algo que valga la pena en este curso es que hagas el esfuerzo necesario para recorrer este camino.
Si no lo quieres hacer realmente, si este camino no tiene sentido para tí, si no estás aquí convencido y no logras mantenerte motivado, no hay nada que yo pueda hacer.
La responsabilidad de aprender es tuya.
Mi responsabilidad es el acompañarte, sea como sea, estés como estés.


"Yo me puedo morir feliz porque yo le dejé una canción al mundo", declaraba Facundo Cabral. Ahora, después de su muerte estúpida, en un asalto o balacera, llorando acudo aquí a atestiguar que aquel joven de diecinueve, que se decía "en búsqueda" tiene mucho que agradecerle. Ahora, treinta y cinco años después, y gracias a Dios, aún en búsqueda, sigo haciendo mías las coplas que dicen "no soy de aquí, ni soy de allá; no tengo edad ni porvenir; y ser feliz es mi color de identidad".
Por aquel entonces era mucho más revolucionario y apasionado que hoy por lo que vibraba profundamente también con los versos de "pobrecito mi patrón; piensa que el pobre soy yo". Y vaya que desde entonces he tenido cualquier cantidad de patrones que por desgracia vivían en las mayores de la miserias.
Escapar de los dulces cantos de sirenas voluptuosas que me tientan con las promesas de una vida de felicidad inmensa gracias a las riquezas y a los productos de la sociedad de consumo no ha sido fácil; pero ahí ha estado siempre el canto de Facundo para recordarme lo que de verdad importa.
Decía que hay cuidarse de los pendejos; pero creo que el pendejo de mayor cuidado lo llevo dentro.
Tan sólo tuve que salir un poquito para darme cuenta que todo nacionalismo no es más que una gran ignorancia. He tenido por amigos lo mismo a asesinos que a hombres buenos, a gringos y a indígenas, a gente de poder y autoridad y a pobres, a felices e infelices y en todos he encontrado la misma esencia: la necesidad de amar y ser amados.
Y al final esa es mi esencia.
Hoy es tiempo de cantarle al trovador que más cerca ha estado de mi búsqueda. Gracias Facundo por mantener con tu canto, ahora eterno, la linterna alumbrando lo que verdaderamente importa.