Este es un informe sobre mis reflexiones en torno al cuestionamiento que se me hizo en el curso de Ética y Responsabilidad Social que estpy tomando respecto a las competencias cognitivas, procedimentales y actitudinales que un profesional debe de lograr para poder ser un agente de Responsabilidad Social de su organización laboral.

Me resulta muy motivante el conocer las políticas que Ikea (2004) ha implementado para garantizar una actuación medioambiental y socialmente responsable frente a sus diversos grupos de interés. Las acciones hablan de un compromiso profundo por hacerse cargo de las externalidades generadas por su operación. Por ejemplo, en lugar de tomar el camino fácil de cerrar las operaciones en regiones donde se acostumbra utilizar la mano de obra infantil, vía que genera más daño aún, ha decidido permanecer apoyando acciones de largo plazo para cambiar las condiciones locales.

Parece que las empresas europeas están a la vanguardia asumiendo la responsabilidad social y medioambiental. Por ejemplo, un amigo que le proveía de trucha a Carrefour, cuando operaba en México, me compartió que había recibido una advertencia de la empresa para eliminar la presencia de contaminantes en el agua desalojada en el criadero para poder seguir siendo su proveedor. Mi amigo le argumentó al empleado de Carrefour que la trucha que les entregaba estaba libre de contaminantes; recibiendo como respuesta que la empresa tenía la responsabilidad de garantizar la ausencia de impacto ambiental negativo de los procesos que generaban los productos que compraban. Mi amigo fue educado en ese momento y, al narrar el incidente, se convirtió en un educador.

El empleado de Carrefour, como profesional, contaba con competencias cognitivas, procedimentales y actitudinales que lo hacían un agente de Responsabilidad Social, facilitadas por la cultura organizacional y las políticas de su organización laboral. Pero el cuestionamiento es qué competencias requiere un profesional cuando la cultura y los procedimientos organizacionales de la empresa en que labora no sostienen una responsabilidad social y medioambiental.

La competencia más importante es la de la concientización y educación personal, tal como nos está ocurriendo a los participantes del curso de Ética y Responsabilidad Social. El saber cómo opera el sistema-mundo en el que nos encontramos inmersos y hacia dónde se dirige ayuda a tomar consciencia de qué es importante, por qué es importante y qué acciones se pueden tomar para resolver las problemáticas y permite también generar actitudes de responsabilidad personal. La educación y concientización conduce a la posibilidad de ser agente de cambio, como le sucedió a Anderson (1998), el CEO de Interface, el fabricante de alfombras más grande del mundo, cuando leyó “The ecology of commerce” (Hawken,1993). A partir de su toma de conciencia de la no sostenibilidad del proceso de fabricación de la empresa que dirige, ha implementado una política para lograr que Interface alcance la meta de cero impacto medioambiental en un plazo de 20 años y se ha convertido en un activo educador en el medio empresarial.

Creo que las competencias más importantes de un agente de cambio eficaz son la congruencia personal y la facilitación de procesos de diálogo. En mi opinión muchos activistas equivocan el camino al elegir métodos de confrontación y de descrédito de los interlocutores, lo cual sólo conduce a la polarización, al recrudecimiento de las políticas y al empeoramiento de las condiciones sociales y ambientales.

Desde luego que es maravilloso trabajar dentro de una cultura de transparencia, como sucede dentro de Ikea (2004), en la empresa brasileña SEMCO (Killian y Perez, 1998), conocida por tener uno de los ambientes más democráticos del mundo, dirigida por el legendario Ricardo Semler, o como ocurre en el conglomerado de empresas cooperativas vascas Mondragón Corporación Cooperativa (1997); pero representa todo un reto el actuar dentro de organizaciones donde impera la cultura del secreto. El profesionista que labora dentro de este último tipo de ambientes requiere de conocer cómo actúan las rutinas defensivas, tal cual lo plantea Argyris (1993), y cómo opera el sistema, por ejemplo usando las pautas de Senge (2000) y sus colaboradores para generar rutinas de aprendizaje generativo. Sin embargo, los procesos de cambio organizacional son lentos y requieren de mucha paciencia y sagacidad de los agentes de cambio.

En conclusión, un profesional que desea ser un agente de responsabilidad social en la organización donde labora requiere de concientizarse, educarse, cultivar la congruencia, generar espacios de reflexión y diálogo, conocer el funcionamiento de las rutinas defensivas y del sistema dentro de la organización, paciencia y sagacidad.


Referencias:


  • Anderson, R. (1998). Mid-Course Correction: Toward a Sustainable Enterprise: The Interface Model. White River Junction, VT, EEUU: Chelse Green Publishing Co.

  • Argyris, C. (1993) Knowledge for Action. A guide to overcoming barriers to organizational change, San Francisco,CA, EEUU: Jossey Bass.

  • Hawken, P. (1993). The ecology of commerce. New York, NY, EEUU: Harper Collins.

  • Ikea (2004).Medio Ambiente y Responsabilidad Social. Disponible en http://www.itesm.mx/va/FEV/dic07/directores_carrera/RS_y_medioambiente_IKEA.pdf

  • Killian, K. y Perez, F. (1998). Ricardo Semler and Semco S.A. Thunderbird, The American Graduate School of International Management.

  • Mondragón Corporación Cooperativa (1997). Introducción a la Experiencia Cooperativa de Mondragón. Aretxabaleta, España: Otálora.

  • Senge, P. et al (2000). La danza del cambio: Los retos de sostener el impulso en organizaciones abiertas al aprendizaje. Barcelona, España: Ed. Norma.

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