Tengo una pareja de amigos entrañables que están participando en un movimiento llamado Metafísica y/o Escatología. Es evidente que como individuos, como pareja y como familia están teniendo beneficios. Los aprecio ahora muy asentados, en armonía y plenos. También conozco personas que han cultivado durante mucho tiempo esta disciplina y en quienes no es aparente el más mínimo beneficio: siguen siendo personas muy atormentadas y con una vida que en los hechos contradice las declaraciones de vida de armonía y abundancia que dicen cultivar. Pero esto sucede en todos los caminos de desarrollo personal.
De vez en cuando, personas atendiendo a mis cursos o conferencias se acercan a platicarme entusiasmados sobre tal o cual curso, libro, corriente de pensamiento o religión. Lo mismo me encuentro con “cristianos” o “legionarios” que “metafísicos” que seguidores de la PNL o del yoga. De principio experimento un enorme gusto al encontrarme con personas que están en un proceso intenso de crecimiento personal, aquello que en mis intervenciones promuevo. Sin embargo, me genera un gran conflicto cuando mi interlocutor trata de presentar su corriente como la mejor o, peor aún, como la única vía de desarrollo o salvación.
El proverbio chino decía: “si en el camino te encuentras a Buda, mátalo”. Y el mensaje que yo recibo es que no debo idealizar nada. Si de pronto alguien me parece como el Cristo resucitado, no lo es. Si de pronto creo que tal o cual corriente es el último camino para el crecimiento personal, no lo es. Es un camino y será valioso para algunos; pero no lo es para todos.
No creo en panaceas, en remedios que curan todos los males. Creo que el camino de desarrollo personal es único para cada individuo. No creo en religiones únicas y verdaderas. Creo que la vía a la trascendencia es personal.
Así que cada uno tendremos que buscar nuestras propias vías de maduración. Hay quien encuentra respuestas en su religión. Otros lo hacen a través de la psicoterapia o la biblio-terapia o la meditación o el yoga. Otros simplemente se dejan madurar por la vida misma, a través de sus experiencias personales. Cada camino es valioso por sí mismo. Como dice el refrán: “muchos caminos llevan a Roma”.
Bien por mis amigos, que están encontrando un camino de realización profunda. Han buscado mucho y ahora encuentran.Lo celebro. Por ahí nos seguiremos encontrando en la ruta, de vez en cuando.

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