Tuve el libro "Ámate a tí mismo" durante años en el archivero; pero nunca me interesé en abrirlo hasta que mi cuñada Beatriz trajo a su autora, Louise L. Hay, a mi atención. La portada lo hacía parecer un libro simplista de auto-ayuda. ¿En dónde aprendí a despreciar los libros de auto-ayuda cuando soy un firme creyente de que la biblio-terapia es una vía valiosa de crecimiento personal? Bien, pues me he dejado llegar el mensaje, que fundamentalmente propone que las afirmaciones negativas respecto a mí mismo pueden ser cambiadas por afirmaciones positivas a fin de experimentar una vida más plena y satisfactoria.

A raíz de esta lectura he estado muy pendiente de observar los monólogos interiores que sostengo desde que despierto a la conciencia en la mañana. Me he quedado verdaderamente impactado del enorme negativismo que contienen. El shock es grande porque he creído ser una persona positiva y muchos a mi alrededor así lo creen.

Realmente me he dado cuenta de que es necesario que esté muy atento para "cacharme" sobre el contenido de mis cogniciones, pensamientos, diálogos e imágenes interiores; si no, éstos transcurren desapercibidos y me encarrilo en un estado de ánimo, en una emocionalidad que me lleva a sentirme poco pleno y poco satisfecho. Las afirmaciones más determinantes son casi inconscientes.

Louise L. hay propone transformar las afirmaciones negativas por afirmaciones positivas. Lo que estoy haciendo es mezclar las propuestas de la autora con algunas otras prácticas que aprendí hace mucho tiempo en un libro de Mahoney y Mahoney de nombre "Control permanente de peso". Presentaban un enfoque que llamaban "Asepsia cognitiva" y que es una técnica para limpiar y corregir pensamientos limitantes para el logro de metas personales.

La técnica se llamaba IDEA!; un acrónimo de sus tres pasos: Identifica, Evalúa y ¡Anímate!
  • Identifica significa darme cuenta de mis pensamientos e ideas destructivos, negativos o distorsionados.
  • Evalúa es el paso de transformación del pensamiento disfuncional por otro más apropiado.
  • ¡Anímate! Implica el decirse algo positivo por haber hecho el esfuerzo de seguir los pasos anteriores.
De acuerdo a la teoría cognoscitivista conductual, marco de referencia de Mahoney y Mahoney, el último paso, la auto-recompensa, es esencial para lograr que la práctica del cambiar los pensamientos se sostenga y se convierta en hábito.

A manera de ejemplo; puedo descubrirme diciéndome cosas como que es una flojera levantarme y hacer ejercicio (subirme a la caminadora); que al fin y al cabo he sido muy inconstante los últimos meses, y que finalmente será difícil que re-establezca una rutina de ejercitamiento. Los monólogos privados no son para mí así de explícitos, sino que después de observarme por un rato me doy cuenta que el contenido de fondo es ése. Y es así que he dado el primer paso, identificando los pensamientos distorsionados (según los Mahoneys) o las afirmaciones negativas (según Hay).
Me he dado cuenta que muchas veces basta con el darme cuenta para que mis energías se movilicen en sentido constructivo, sin tener que hacer nada más con las cogniciones distorsionadas. Otras veces debo continuar con los restantes pasos; particularmente cuando los patrones de pensamiento son repetitivos y están muy arraigados en mi subconsciente.

Para realizar el segundo paso “Evalúa”, los libros de Louis L. Hay presentan muchas pautas de transformación de las afirmaciones negativas en positivas en diversas áreas: relaciones, trabajo, prosperidad, salud, sexualidad, adicciones, etc. Estos días está resultando muy útil para mí trabajar en el área de prosperidad y plenitud personal apoyándome en el área de auto-estima.

Para el ejemplo de arriba, la fase de evaluación la estoy trabajando con las afirmaciones que sugiere Hay en el capítulo sobre Salud. Me repito varias veces, tratando de dejarme llegar el mensaje hasta lo más profundo del alma y del corazón: “Restauro y mantengo mi cuerpo en óptima salud”. Lo digo varias veces como mantra, de tal manera que esta afirmación va llenando el espacio de los monólogos disfuncionales. Otras afirmaciones que me resultan útiles aquí son “Estoy lleno de energía y entusiasmo; me doy permiso de mantener a mi cuerpo saludable”. Al mismo tiempo me cuido de no exigirme nada, de no ponerme la obligación de irme a la caminadora y hacer ejercicio por una hora. La auto-exigencia me lleva fácilmente al camino negativo del auto-regaño. No, tan sólo dejo que el mensaje llegue y acepto lo que suceda en mí, al ritmo que tenga que suceder. Puede ser que tan sólo me levante con energía para ir a trabajar, sin realmente hacer nada de ejercicio. Dejo que la semilla quede plantada y doy tiempo a que crezca sin obligaciones ni forzamientos.

Finalmente, el último paso, el de la auto-recompensa, lo tiendo a olvidar; pero sé que es muy importante, aunque parezca tonto o inútil, para establecer el hábito de la corrección de pensamientos. Me felicito por haber realizado el trabajo interno de transformar mis cogniciones.
No creo que estas técnicas sean una panacea, ni necesariamente funcionarán con todos; pero conmigo y con mi esposa sí están funcionando. Nos damos cuenta de que el camino no es fácil. Mientras lo intento, hay fuerzas internas, que surgen del equilibrio que estoy rompiendo, que surgen para oponerse. Surgen desde la sombra (como le llamaba Jung), en forma de dragón de tres cabezas; pero me mantengo alerta empuñando una espada para decapitarlo sin piedad, ni duda, ni misericordia. Decapito al monstruo de un certero golpe. Estoy atento.


Aquí mismo, mientras escribo esto, he estado practicando las técnicas. Han brotado innumerables voces internas diciendo: “esto es una tontería”, “a nadie le va a interesar”, “se van a burlar”, “mejor ponte a hacer algo más productivo”, y más por el estilo. Estos monólogos son muy sutiles. No son así de claros como los escribo; pero tienen un gran poder auto-limitante y desmotivante. Fácilmente me generan, casi inconscientemente, un desánimo que me lleva o a abandonar la tarea o a realizarla con enorme pesadumbre y sintiendo muy poca realización y satisfacción personal.

Gracias Bety por haber traído a nuestras vidas en los días recientes estas nuevas posibilidades. Estoy generando una vida más plena. Estoy abriendo vías de realización y trascendencia. Estoy trabajando con intensidad para potenciar más y más mi vida de pareja, familiar, laboral y social. El lenguaje no es inerte. El lenguaje es generador. Lo que digo tiene consecuencias en el mundo, genera el mundo en el que vivo.

Me repito ahora a mí mismo, buscando dejarme llegar el mensaje al corazón, al alma, al cuerpo y a la mente, las siguientes afirmaciones de Louise L. Hay:

“En la infinidad de la vida donde me encuentro, todo es perfecto, pleno y completo.
Veo cualquier patrón de resistencia en mi interior sólo como algo más que debo liberar. No tiene poder sobre mí. Soy el poder en mi mundo. Fluyo con los cambios que se están realizando en mi vida, de la mejor manera que puedo. Me apruebo a mí mismo y la forma en que estoy cambiando. Hago lo mejor que puedo. Cada día es más fácil. Me regocijo por estar dentro del ritmo y la corriente de mi vida siempre cambiante. Hoy es un día maravilloso. Opto porque así sea. Todo está bien en mi mundo.”


Hay, L.L. (1991). Tú puedes sanar tu vida. México: Ed. Diana. P. 78

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