La hipocresía de personas con poder es frecuente tanto en el mundo empresarial como en el político. Por ejemplo, el directivo que declara públicamente la importancia de la familia mientras sostiene relaciones adúlteras conocidas por todos o el político que denuncia la corrupción mientras se enriquece de manera inexplicable. La pregunta es si este tipo de comportamiento de doble moral es inherente al poder o sólo se trata de excepciones.
La revista The Economist (Jan 21st 2010) publica un interesante artículo sobre la corrupción de gente en puestos de poder. Describe los resultados de una serie de experimentos realizados por los doctores Lammers y Galinsky destinados a evaluar las actitudes frente a comportamientos deshonestos por personas con y sin autoridad.
Primera etapa:
A la mitad de los participantes en los experimentos se les pidió que recordaran y escribieran sobre eventos de su vida en los que tuvieron mucho poder sobre otras personas y a la otra mitad que recordaran eventos en los que estuvieron sometidos al poder. Investigaciones previas han demostrado que el mero recuerdo de estos incidentes pone a las personas en un modo de dominio o de sujeción, según sea el recuerdo que evoquen. Así que en modo de poder y no poder, los dos grupos fueron sometidos a una serie de tareas y de cuestionarios destinados a evaluar sus actitudes éticas.
En una de las pruebas, a cada participante en el experimento se le entrega un par de dados de diez caras numeradas del 1 al 10 cada uno. La idea era que al lanzar los dados se formaría un número de dos cifras, del 01 al 100 (si caía doble cero). El primer dado daba las unidades y el segundo las decenas. El número que obtenían era la cantidad de boletos que recibían para entrar a una rifa que re realizaría al final del experimento. La cuestión es que cada participante tiraba los datos en un cubículo estando solos y anotaba su resultado en una hoja para entregarlo al investigador a la salida.
Estando los dados bien balanceados se espera que el grupo en promedio obtenga un resultado de 50; sin embargo el grupo de personas inducidas a estar en estado de sujeción reportó resultados que promediaron 59. Esto sugiere que probablemente las personas del grupo mintieron en sus resultados levemente. Pero el grupo de personas inducidas a estar en estado de dominación promediaron 70; indicando que tendieron a ser más deshonestos.
Los participantes también respondieron un cuestionario de moralidad con una escala del 1 al 9 en la que 1 representa algo altamente inmoral y 9 significa un comportamiento altamente moral. Se les pidió que evaluaran qué tan inmoral era que otras personas reportaran gastos de viaje más altos de lo realmente utilizados. Las personas en el grupo de dominio dieron un promedio de 5.8 mientras que las personas en el grupo de sujeción promediaron 7.2.
Ambas pruebas mostraron que las personas en el grupo de alto poder tienden a ser más estrictas que las personas en el grupo de poco poder al evaluar la conducta moral de los otros; pero al mismo tiempo en la práctica el comportamiento de los primeros tiende a ser más deshonesto que el de los segundos. Así que finalmente se confirma mediante experimentos lo que el sentido común ya nos decía respecto a que el poder tiende a corromper al mismo tiempo que lleva a la hipocresía, aplicando un estándar diferente a sí mismo y a los demás.
Segunda etapa:
Para reafirmar las conclusiones del primer grupo de experimentos, Lammers y Galinsky realizaron otro conjunto de pruebas. De igual manera se formaron dos grupos mediante el escribir sobre incidentes en los que estuvieron en posición de mucho poder los primeros y poco poder los segundos. Ahora se les pidió que usaran la escala de moralidad de nueve puntos para calificarse a sí mismos y a otros estando frente a dos circunstancias: 1) qué tan aceptable era romper el límite de velocidad cuando va uno tarde a una cita y 2) qué tan aceptable es torcer las reglas en la declaración de impuestos.
Los resultados indicaron que respecto al asunto de velocidad el grupo de alto poder calificaron a los demás con 6.3 mientras a sí mismos con 7.6; indicando que es más moral el que ellos rompieran el límite de velocidad que el que lo hicieran los demás. Para le grupo de bajo poder los resultados fueron de 7.2 y 7.3, que estadísticamente no representa una diferencia significativa. Así que el grupo de bajo poder no hizo distinciones en la evaluación de sí mismo y de los demás como sí lo hizo el grupo de alto poder.
Para el caso de la declaración de impuestos los resultados fueron similares pero más extremos. El grupo de alto poder calificó a los demás con 6.6 por no declarar bien los impuestos; pero con un más benigno 7.6 a sí mismos. El grupo de bajo poder fue más benigno con los otros, dando un 7.7 mientras a sí mismos se calificaron más fuertemente con 6.8.
En conclusión, los resultados confirman lo que de alguna manera ya se sabía. Pero los investigadores no quedaron satisfechos y deseaban saber algo más respecto a la dinámica que lleva a las personas cuando están en posiciones de poder a establecer un comportamiento de doble moral; por lo que diseñaron una tercera ronda de experimentos.
Tercera etapa:
Ahora se formaron cuatro grupos dos de alto poder y uno dos de bajo poder. A los de alto poder se les pidió como antes que pensaran y escribieran sobre incidentes en los que estuvieron en posición de autoridad y a los de bajo poder que recordaran y registraran eventos en los que tuvieron poca autoridad. Lo que distinguió a cada par de grupos es que a unos se les pidió recordar ese tipo de incidentes cundo sí merecían estar en esa posición y a otros cuando no merecían estar ahí. Así que los grupos formados fueron: 1) alta autoridad sintiendo que la merecían, 2) alta autoridad sintiendo que no la merecían, 3) baja autoridad sintiendo que lo merecían y 3) baja autoridad sintiendo que no lo merecían.
Una vez formados los grupos se les aplicó una prueba similar a las de la segunda etapa en la que se calificaban moralmente a sí mismos haciendo algo y a los demás haciendo lo mismo. En este caso el dilema moral era qué tan ético es el llevarse una bicicleta abandonada en vez de entregarla a las autoridades.
En el grupo de personas que se vieron como merecedoras de la autoridad que tenían el resultado fue similar al de las personas con autoridad en la etapa dos: evaluaron a los demás con 5.1 por llevarse la bicicleta pero fueron más benignos consigo mismo al darse 6.9. Los resultados de los dos grupos de personas con poco poder fueron similares a los de la etapa anterior: fueron menos duros con los demás y más consigo mismos. Los de bajo poder legítimo calificaron con 5.1 a los demás y con 4.3 a sí mismos, mientras los de bajo poder inmerecido dieron 4.7 a los otros y 4.4 a sí mismos.
El resultado más interesante e inesperado surgió con el grupo de alto poder que no se sentía merecedor de él. Se evaluaron a sí mismos más enérgicamente que a los demás, como lo hacían los grupos de bajo poder; pero lo hicieron de manera más extrema: calificaron a los demás con 6.0 mientras a sí mismos se dieron un 3.9.
Conclusiones:
Los autores llamaron a este último comportamiento una “hipocresía inversa”. El artículo termina señalando que la gente con poder tiende a romper las reglas no sólo porque pueden hacerlo sin consecuencias sino porque internamente se sienten con derecho a hacerlo. La clave entonces para entender la hipocresía en las esferas del poder es el estudiar ese sentido de merecimiento, ya que cuando está ausente no lleva a la doble moral. Alguna gente poderosa cree genuinamente que es legítimo el aplicar las reglas de manera diferente a sí mismo que a los demás.
Tal vez la corrupción y la hipocresía son las consecuencias de vivir en una sociedad dominada por machos alfa (y a veces algunas hembras alfa). Tal vez ya es tiempo de superar el liderazgo heroico vertical y el control central ya que de manera inherente van ligados a la corrupción. Tal vez ya es momento de legitimar el poder con base no solo en capacidades de liderazgo sino en la potenciación personal, el desarrollo moral de los individuos y la superación del ego. Tal vez ya es tiempo de generar otras formas de coordinación y organización.

Referencia:
The Economist (Jan 21st 2010). Absolutely: Power corrupts, but it corrupts only those who think they deserve it. Disponible en: http://www.economist.com/sciencetechnology/PrinterFriendly.cfm?story_id=15328544

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