En estos días me he sentido completamente jaloneado en mis clases. Me he sentido muy cansado; pero llego a clase con toda la motivación y preparación necesarias. Busco iniciar la clase con una inducción que atraiga la atención de mis alumnos, que les resulte motivante para que me sigan en las actividades que realizarán. Quisiera logran un alto nivel de energía, compromiso y motivación. Muchas veces lo logro con la mayoría. Otras veces no. Entonces me siento frustrado. Es ahí cuando tengo que conectarme con el flujo vital de mis alumnos.
Por un lado, desde mi óptica pareciera que la Teoría organizacional que busco que aprendan es el asunto más vital y trascendente del mundo. Así lo vivo, incluso así lo cultivo a fin de mantener mis índices de motivación. Si lo que enseño me parece interesante y motivante puedo comunicar el entusiasmo. Si lo que enseño me aburre, tan sólo adormeceré a mis alumnos. Pero por otro lado, mis alumnos tienen preocupaciones mucho más importante y profundas que mis temas académicos. Lo veo mucho más claro al tener enfrente las preocupaciones de mis hijos. Hay asuntos más importantes que la escuela.
Así que cuando las cosas no fluyen con algunos de mis alumnos busco entender en dónde están, que les preocupa, qué les ocupa. Entender el proceso en el que están: uno acaba de terminar con la novia y se siente lastimado y desanimado, otro está preocupado por las dificultades económicas en casa, uno más no alcanza a encontrar el sentido de lo que hace, el de más allá está enfermo, y así.
Tampoco significa claudicar. Aún creo que su vida se verá enriquecida si aprende lo que estoy enseñando. La clave es ser firme con mis propósitos al tiempo que entiendo los procesos que vive mi alumno. Pero no es un asunto fácil. Me representa el estar en un continuo proceso de desarrollo personal. Tengo que estar constantemente en contacto conmigo mismo, haciéndome cargo de mis propios procesos. Decido vivir en el presente, sabiendo cómo me siento, haciéndome responsable de lo que me sucede. Si no fácilmente empiezo a descargar mi frustración en mi alumno, de la manera más injusta. Ahora estoy practicando el Ho'oponopono: ahí, con ese alumno con quien me siento desbalanceado, frustrado o enojado; detenerme e internamente decirle “lo siento”, siento lo que sucede, siento lo que me sucede a mí, siento lo que te sucede a ti; “perdóname” por todo lo que hago que contribuye a que suceda lo que pasa; “te agradezco” por traer todo esto a mi consciencia; y “te amo”, te acepto plenamente como eres, alguien único, diferente y especial.
En días como estos no me resulta fácil; pero vale la pena hacerlo. Esta es la oportunidad de crecer, de ser una mejor persona y de contribuir a generar una mundo mejor.
En este momento declaro, por consejo de Louise Hay, "En la infinidad de la vida donde me encuentro todo es completo, pleno y perfecto. Amo lo que soy y lo que hago. Estoy abierto y receptivo a todo lo bueno. MI vida es un constante fluir hacia estadios de mayor properidad."
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