Una de las preguntas más frecuentes en torno al liderazgo es si los líderes nacen o se hacen. El cuestionamiento está tan fuera de lugar como la pregunta ¿los adolescentes nacen o se hacen? ¿Y los padres de familia, los hijos, los maestros, los abuelos, los policías y los obispos? La respuesta es obvia: todo adolescente, padre de familia, hijo, maestro, abuelo, policía y obispo nació en algún momento y, no o, se siguió desarrollando después hasta el momento de asumir la identidad o el papel mencionado. Así que la respuesta correcta es: los líderes nacen y se hacen. La disyuntiva es falsa.
Esta respuesta cerraría el tema; sin embargo, quedan aún sin atender las motivaciones que llevan a hacer la pregunta. Creo que en el fondo del interrogante subyace la idealización, que es el mecanismo psicológico mediante el cual los individuos engrandecemos y exaltamos las características de otras personas.
Es frecuente que cuando se usa la palabra líder se haga referencia a personas que han sobresalido de manera notable en su ejercicio del liderazgo. El inconsciente colectivo hace traer rápidamente a la conversación nombres tales como Jesucristo, Gandhi, La madre Teresa, Churchill y, aberrantemente, hasta Hitler (ver la entrada "Hitler, un pésimo líder").
La idealización es una trampa ya que disocia la imagen mítica de la persona real, con sus defectos, luchas, problemas y contradicciones. La idealización también conduce fácilmente a justificar la propia inacción. El razonamiento inconsciente es que la tarea del liderazgo es para aquellos grandes endiosados y nos exime a los comunes terrenales.
Ni duda me cabe que Gandhi ejerció el liderazgo magistralmente; sin embargo, poca justicia se le hace a sus enseñanzas cuando se presentan sus logros disociados de su proceso de desarrollo personal. La lucha personal del prócer incluyó duras batallas personales y, desde luego, grandes equivocaciones. Lo que hizo grande a Gandhi no fue ser el Mahatma sino el camino que lo acercó a ese estatus.
Sostengo que en la medida en que entiendo el proceso de potenciación personal y des-idealizo a los considerados grandes líderes me acerco a la posibilidad de cultivar en mí las habilidades y actitudes del liderazgo efectivo.
Es frecuente también el escuchar declaraciones que señalan “ya no hay líderes” o “hacen falta líderes”. El trasfondo de la declaración es la misma que lleva al cuestionamiento discutido arriba. El inconsciente colectivo clama por figuras míticas idealizadas en las lecciones de historia patria y en las leyendas populares. Cuando se sopesan los personajes del entorno actual contra aquellas figuras idealizadas las calificaciones son muy bajas; pero ¿quién podría estar a la altura de estándares inalcanzables? Ciertamente no lo están ni los mismos personajes idealizados al escudriñarlos en carne y hueso.
En nuestras culturas latinas la idealización del liderazgo se agrava con la pasividad y dependencia que hemos cultivado ante nuestra sujeción histórica a estructuras de poder paternalista, tanto en el ámbito social, como en el organizacional y en el familiar. Nuestra dependencia de figuras patriarcales se manifiesta en la búsqueda constante del caudillo, esperando que el nuevo presidente, líder sindical, gerente o director “ahora sí nos saque del hoyo”. Tendemos a sentirnos indefensos y a esperar que un héroe nos rescate. La idealización con dependencia no nos permite descubrir que aquellas actitudes y comportamientos del liderazgo efectivo están a nuestro alcance.
Sostengo que para combatir la idealización de los grandes líderes debemos cambiar el foco del estudio del líder al del fenómeno del liderazgo. Siguiendo las directrices de Thomas Gordon (LET: Líderes eficaz y técnicamente preparados), líder es todo aquel que tiene la responsabilidad de dirigir un grupo. Por lo tanto declaro que soy un líder: ya que tengo en momentos la responsabilidad de dirigir grupos de estudiantes, de maestros, de participantes en mis cursos, de mi familia y de varios grupos a los que pertenezco. Declaro que he nacido y me he estado formando y lo seguiré haciendo.

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