Bueno, pues sigo tomando el curso de Ética y Responsabilidad Social. Ahora sufrí intensamente con las lecturas. Anexo abajo el trabajo que elaboré para esta sección.

Cuando era estudiante de posgrado en EEUU, al tomar un curso de ética profesional en psicoterapia, me sorprendí de que se concentraba en definir lo que era legal o no en la práctica de esta profesión. Nunca se debatieron los dilemas morales. Parecía que para el mundo anglosajón lo ético es lo que está permitido por la ley, con un enfoque completamente pragmático, sin mayores reflexiones de fondo. En cambio, para nuestra cultura la ética se relaciona con la moral. El enfoque de este curso está, en mi opinión, años luz por delante de aquel curso.

Sin embargo, el asimilar los textos de esta semana ha sido todo un reto para mí debido a que soy un rebelde iconoclasta que rechaza toda imposición dogmática, tengo muy poca formación filosófica y muchas veces la redacción de los dos documentos incluía expresiones imperativas tales como la dedicada a los profesores críticos de Harvard mencionados por Entzioni (4 de Agosto de 2002): “se tiene que enseñar la única ética racional que existe”. Yo pregunto: ¿Quién lo dice y por qué me he de zampar ese imperativo? ¿Qué no justamente estábamos en desacuerdo la semana pasada con esta mentalidad positivista que privilegia la razón sobre otras funciones que definen lo humano? ¿Qué no estudiábamos las terribles consecuencias del pensamiento simplificador y apelábamos a un pensamiento complejo, que incluye al propio observador como interventor en el fenómeno que observa?

He leído los textos, sufrido largamente horas de insomnio, conversado con colegas, leído a otros autores a la mano (Maturana, 1997 y Khun, 2006) y releído y vuelto a leer los textos; invirtiendo mucho más tiempo del que originalmente deseaba. Aunque ha valido mucho la pena.
Lo que he entendido es que los autores y profesores del curso de Ética y Responsabilidad Social proponen, basados en la propuesta de Kant, que 1) la ley moral es aquel deber que es exigible para todos y que 2) la ley moral es determinada usando el principio de universalización de la regla de conducta (brújula) respondiendo a la pregunta: “Lo que yo pienso hacer, ¿todos deberían hacerlo si estuvieran en la misma situación que yo en este momento?”


Entiendo que también proponen, basados en Habermas y Apel, que 3) la respuesta a la pregunta señalada arriba o la determinación de las leyes morales universales (la utilización de la brújula) es un proceso dialogal democrático de negociación y búsqueda de consenso con respuestas en permanente evolución.

Si he entendido bien, finalmente, no tengo mayor problema con la propuesta; de hecho, estoy completamente de acuerdo. La regla de oro que propone “no hacer a los demás lo que no quiero que me hagan a mí mismo” es un principio de universalización; pero lo importante en mi opinión no es el saber cuáles son las leyes morales universales (de hecho, siempre estará abierto el debate, salvo para los dogmáticos que crean que ya conocen la Verdad) sino el proceso mismo: el debate, la discusión, el diálogo, la negociación.

Cuando entro en conflicto con los textos de esta semana es al encontrar afirmaciones tales como “el respeto al otro y la fidelidad a la promesa son deberes éticos universales” o “los principales valores éticos como son la Equidad, la Paz, el Respeto, el Amor al prójimo, la Perfectibilidad personal, la Honestidad, etc., que deberían obviamente ser practicados por todos los seres humanos” y “el respeto al deber moral (¡no me robes!)”. Me pregunto ¿quién fue el individuo o el grupo de individuos que se dieron a la tarea de ahorrar mi participación en el debate para decirme que ya utilizaron la brújula propuesta y que me informan que el resultado al que han llegado es ese listado de deberes y que por lo tanto los debo acatar sin más?

Tal vez me podrán argumentar que revisaron las propuestas de las diversas religiones y corrientes ideológicas de la humanidad y encontraron una convergencia total en tales deberes. Como son mucho más doctos que el resto de la humanidad y para ahorrarme el trabajito, pues ahí me encargan el que sea congruente con estos imperativos. Ciertamente con este comportamiento la propuesta democrática ha quedado de lado. Si me acerco a mis alumnos con estas actitudes, desde luego que la mayoría rechazará lo que digo. Se dice en el texto que ante los retos mundiales “es imprescindible construir una racionalidad ética universal”. Yo digo: sí, construir; pero ¿quiénes?: todos, no sólo los eruditos.

Se ha dicho que “Sólo en el caso de los imperativos categóricos se presenta con toda nitidez la exigencia moral absoluta y universal, esta llamada del deber de cumplir con alguna obligación sin cálculo, sin condición, sin meta previa, cual sea lo que queramos y aunque no lo queramos. Por eso, sólo un imperativo categórico puede calificarse como ley moral, es decir, como enunciado de un deber en sí mismo, exigible para todos.” Yo digo que el carácter de obligatoriedad y exigencia sólo puede surgir del acuerdo, de la voluntad de quien decide someterse a dicha obligatoriedad. Si es imposición, entonces la ética es impuesta, es una ley social, y no es una ética universal. Por lo tanto la búsqueda de una ética universal es un proceso continuo inalcanzable, una utopía que orienta el caminar.

También he entendido esta semana que el relativismo y el dogmatismo son tensiones opuestas y que la propuesta es encontrar mediante el principio de racionalidad un acuerdo intermedio. Pero la propuesta de que este principio no se base en ningún sistema de creencias previas es en mi opinión inalcanzable. Esta propuesta es similar a la de los positivistas que buscaban verdades objetivas, cuando los humanos somos subjetivos: lo único que conocemos del mundo es a través de nuestra subjetividad. Al respecto, el connotado biólogo chileno Humberto Maturana (1997) dice que la objetividad no es más que un argumento para obligar. A lo único que podemos aspirar es a acuerdos intersubjetivos. Así que la aspiración de una ética universal para un mundo mundializado y frágil se puede apoyar solamente en la legitimización que surge de los acuerdos a través del diálogo. Es la línea de trabajo presidida por Hans Khun (2006), quien trabaja por una ética mundial que surja de acuerdos ecuménicos, un esfuerzo al que me suscribo con gusto.

Se ha dicho en el texto del curso que “Encontramos la racionalidad ética universal, (es decir, valedera para todos), cuando podemos pensar en un deber moral que no dependa de ningún querer previo, es decir, que no dependa de ninguna escala de valores culturales previa”. Lo cual resulta imposible, a menos de se crea en el pensamiento positivo, que desea ser objetivo mediante argumentos racionales. Pero esta forma de pensar, origen de la modernidad, nos ha conducido al tipo de problemas que estamos buscando superar con una ética universal. Esta manera de argumentar ya está siendo superada. Necesitamos superarla. El carácter de obligatoriedad de la norma ética no está exento del querer, sino que me obligo porque quiero aún sobre mi querer, porque así lo he decido.

Más de lo mismo: “Otra importante conclusión de la distinción entre Máximas, Imperativos hipotéticos e Imperativos categóricos, es que progresivamente, como ya lo hemos mencionado, se va suprimiendo toda consideración de cualquier querer para encontrar la noción de deber… la racionalidad que permite fundamentar un deber moral no debe tomar en cuenta ningún querer, so pena de no encontrar nunca un fundamento realmente universal.” Yo afirmo que si suprimimos el querer, el sustrato emocional, suprimimos lo humano. Tendremos entonces una ética no humana, racional, de máquinas pensantes.

Se dijo que “la Ética planetaria común debe de ser una Ética supracultural.” Es decir, no relativista; pero tampoco impuesta, sino acordada; por lo tanto, no dogmática. “Concebir normas de conducta universalizables que no dependan de un enfoque cultural particular”. Sí; pero que dependen de TODAS las culturas particulares. Transcultural no significa acultural, sino que va más allá de las culturas particulares, no que prescinde de ellas.

Muy poco sé de filosofía y ética, pero Kant fue un pensador de la Ilustración, el periodo que da origen a la modernidad, misma que ahora como sistema-mundo está en profunda crisis. Necesitamos evolucionar la manera de entender la vida y los problemas humanos. La crítica de Morin (1995) al pensamiento científico basado en el paradigma de la simplicidad tiene ahí su raíz. Aquellos sistemas de pensamiento sirvieron para hacer evolucionar aquella época. Ahora necesitamos nuevas formas de ver la vida y el mundo.

Espero, parafraseando el adagio chino y debido a mi ingenuidad filosófica, no haberme quedado viendo el dedo cuando el dedo señalaba la Luna.



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